La muchedumbre murmuraba atónita. En los rostros ruborosos de las doncellas se reflejaba el estupor; en los de las matronas, las dueñas y algún que otro mancebo, el deseo mal disimulado; los de los varones, ya fuesen campesinos, burgueses o cortesanos, traslucían la envidia y la incredulidad. Él avanzaba majestuoso, disfrutando del impacto que causaba la contemplación de su enorme verga, enhiesta y desafiante. Hasta que a aquel chiquillo inoportuno se le ocurrió proclamar que el rey iba desnudo, ocasionándole así una fastidiosa exhibitio interrupta.
Una versión de este microrrelato ha resultado, para mi sorpresa, ganador semanal en el concurso de Radio Castellón.






