14 jun 2010

En olor de multitud

La muchedumbre murmuraba atónita. En los rostros ruborosos de las doncellas se reflejaba el estupor; en los de las matronas, las dueñas y algún que otro mancebo, el deseo mal disimulado; los de los varones, ya fuesen campesinos, burgueses o cortesanos, traslucían la envidia y la incredulidad. Él avanzaba majestuoso, disfrutando del impacto que causaba la contemplación de su enorme verga, enhiesta y desafiante. Hasta que a aquel chiquillo inoportuno se le ocurrió proclamar que el rey iba desnudo, ocasionándole así una fastidiosa exhibitio interrupta.

Una versión de este microrrelato ha resultado, para mi sorpresa, ganador semanal en el concurso de Radio Castellón.

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9 jun 2010

Manjar

 Moon, de Moon-artifice

Un hambre antigua, que les hinchaba la panza y les hacía los ojos redondos y enormes, los impulsó a seguir la escala luminosa y a subir a la luna cogidos de la mano. A falta de cuchara, los dos chiquillos arrancaron con sus puños menudos grandes trozos de pulpa dulce y blanca. Comieron hasta hartarse, dejando en la superficie del globo unos huecos profundos, como cicatrices sombrías. A la mañana la madre los encontró muertos, a orillas de la playa, con una sonrisa satisfecha y las mejillas churreteadas de zumo de plata.

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3 jun 2010

De un seductor perezoso

Woman, de Zhippieone



Para su sicoanalista ella era un laborioso enigma, pero para mí, donjuán empedernido, amarla suponía un ahorro de energías; en su hermosa figura se alternaban Julieta, Emma, Lolita, Inés, Jacinta, Lara, tan sorprendentes y deliciosamente distintas que sólo coincidían en sus celos posesivos. Y en las mutuas sospechas. Nunca logré descubrir quién envenenó a quién.


Este textito participa en la reunión de micro-monólogos-relatos de Anonima Mente.

31 may 2010

Fiesta ancestral

Imagen de Alejandro Gelaz

Cuentan que cada noche de luna llena devoraba a un mancebo, pero no que, antes de ello, los adornaba con unos vistosos trajes ceñidos que les permitían lucir sus tipos pintureros y les hacía ejecutar una bella danza ritual. Primero los guiaba suavemente con un capote de grana y oro y, más tarde, con una muleta en la que se ocultaba el estoque destinado a atravesarles el corazón, procurándoles así una muerte rápida y gloriosa. El arte de sus faenas desataba la pasión de los cretenses. Si después su propia hermana lo traicionó y si su historia nos ha llegado de boca de esos atenienses trapaceros, los mismos que sólo eran capaces de proporcionarle jóvenes mansurrones y descastados, de eso el Minotauro no tiene la culpa.

Primera mención en el concurso de Minificciones.com.ar de mayo de 2010


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26 may 2010

Declaración

Little girl, de Mathilde

A mí me gusta ser Wendy, Cenicienta o Blancanieves; mi mamá unas veces es el hada madrina y otras la madrastra, yo las quiero a las dos igual. Cuando viene ese señor a jugar con ella a Caperucita y el lobo, me mandan a mi cuarto. Ser la Bella Durmiente es un rollo, por eso tuve que hacer de cazador. La escopeta era del abuelo. Ya se lo he contado mil veces, ¿cuándo me van a dejar irme con mi mami?


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21 may 2010

Un marido ideal

No sé cómo puede confundirme con ese tipo que trabaja de ocho a tres, hace la compra y la lleva del brazo a pasear. Una vez que esa copia desangelada se me escapó, ella se ofreció a cosérmela para que no la perdiera de nuevo. Con sus mañas se las ha ingeniado para deshacer las puntadas y apropiársela, pero el auténtico Peter soy yo y, aunque sin sombra, sigo viviendo en Nunca-Jamás.


Ilustración de Rafa Simón

15 may 2010

Acechanza

Modern Red Riding Hood, de Victoria Maderna

La de los días de lluvia es impermeable y transparente, cuando hace frío se pone una con ribetes de piel, mi preferida es la roja con capucha. No sé si me gusta más por sus piernas infinitas, por su mirada provocativa o porque es la única chica capaz de lucir esa prenda. Todas las tardes se dirige al bosque con la excusa de visitar a su abuela, pero yo sé que se cita con un tal Lobo que tiene moto y dinero para pagarle las copas. Desde el puente de la autopista la veo alejarse, abrazada a la cintura del tipo, mientras la capa les revolotea alrededor.