21 abr. 2018

Cazadores de nubes

Magritte, La cuerda sensible

Desde que el padre marchó, mamá les da un vaso de caldo aguado con fideos o un trozo de pan duro y se marcha a buscarles la vida, con el hermanillo pequeño colgado del pecho. −No os mováis de aquí −les dice apurada. Cada tarde, Lolo y Saray se tumban en el descampado a saborear las nubes que atrapan sus manitas sucias: las hay espesas y untuosas como requesón, frescas como espuma de mandarina, dulces y rosadas como algodón de azúcar. Ayer comenzó la temporada de lluvias. Sobre el horizonte de chapa y uralita se cernían unos cúmulos plomizos que los niños devoraron con ansia. A la noche su madre los encontró temblando, con la ropa empapada y los vientres hinchados de tormenta.

10 abr. 2018

Hallazgo



La ropita, la cuna, el cochecito, los juguetes... Todo salió de casa antes de que Irene volviera de la clínica, del estupor. También la bañera, que sustituí por un plato de ducha. Desde entonces nos convertimos en vagones empeñados en circular por un carril que ya no los admite. La cara del bebé, que aparecía de repente entre el tenedor y el cuchillo o dando vueltas en el tambor de la lavadora, denunciaba que, tras su silencio, Irene nunca olvidaría mi descuido. La idea del cachorro fue de la psicóloga. “Algo que cuidar”, dijo. Al principio Irene ni lo miraba, pero él, tozudo y cariñoso, la fue conquistando hasta dibujarle a veces un gesto parecido a su antigua sonrisa.

Tendíamos la ropa en la azotea y vimos a Tuno subir triunfante con el maldito pato de goma entre los dientes. De qué rincón pudo haberlo sacado no lo sé, porque yo había escudriñado hasta el último. El rostro del bebé, hinchado en la bañera, apareció de nuevo entre las sábanas húmedas. De una patada lancé a Tuno escaleras abajo. El grito de Irene al verlo caer liberó todo el odio acumulado. Lo último que vi antes de marcharme para siempre fue el juguete, dos veces testigo de mi culpa, flotando en el charco de sangre que manaba de la boca del perro.

16 ene. 2018

Tributo

Los escarabajos (Sevilla)

"Hey Jude", susurra al resto de la banda mientras el ruido de las atracciones llega amortiguado al escenario. Mordisqueando nubes de algodón y manzanas bañadas en caramelo, los niños saltan al ritmo de "Obladi, oblada". Con "Yesterday", algunas parejas se animan a bailar agarrado y a los primeros acordes de "When I'm sixty four" un par de maduros galanes arrastra a la pista a sus mujeres, que, achispadas por el rebujito, fingen resistirse entre risas tímidas. Huele a fritura de calamar, las cáscaras de gambas se amontonan en los platos de plástico. El líder de Los Escarabajos no tiene 64 años, pero ha perdido ya el pelo y luce tripita bajo la casaca anaranjada. Sabe que, cuando llegue a esa edad, seguirá alimentándose, en cuerpo y alma, de la música de John, de la de George; que los caminos seguirán siendo largos y llenos de curvas; que Isa también será vieja y lo echará de menos cuando se fundan los plomos. Se aferra a la guitarra y hace un gesto cómplice a sus tres compañeros. "Michelle" cierra su actuación en la feria de Coria, "Yellow submarine", si les piden un bis. Esta noche, el hostal Leflet. Mañana, en el Tívoli de Benalmádena.

7 ene. 2018

De cacería




Manuela es una amante recatada, nada que ver con la mujer que escudriña los estantes y revuelve los contenedores. Mil veces me lo ha prohibido, pero, al llegar las rebajas, la sigo a escondidas disfrutando del andar sinuoso, los labios palpitantes que dejan escapa un hilillo de saliva, los pezones enhiestos, la humedad que −presiento− resbala por sus muslos. Cuando finalmente se dirige al probador me uno a ella con naturalidad fingida y, tras la puerta cerrada, se me entrega anhelante mientras engarfia los dedos en la seda, el lino o el poliéster. 

La dejo arreglándose torpemente y me ocupo de pagar las prendas arrugadas que lavará y planchará cuidadosa para poder devolverlas. Aceptar el regalo, masculla contrariada, sería comportarse como una puta.

24 dic. 2017

Usurero

Ilustración de Anton Pieck para A Christmas Carol, de Charles Dickens.


—Señor, no podemos pagarle. Mi madre está enferma, necesita leña y medicinas. ¿Podría prestarnos unas libras más?

Ante el gesto furibundo del viejo, Fanny hace un último intento y abre el abriguillo raído que esconde su cuerpo adolescente, desnudo y esquelético.

La mirada escrutadora de Ebenezer Scrooge la recorre. No entiende de mujeres, pero el óvalo delicado del rostro, las piernas bien formadas, los pechos altos y menudos no lo dejan indiferente. Con buenos alimentos y un aprendizaje adecuado…

—Mañana vendrás conmigo a casa de madame Célestine. Ella te enseñará un oficio con el que podrás pagar lo que me debes. Incluyendo intereses, por supuesto— añade con su voz aflautada.

La muchacha asiente temblorosa. Su destino está echado. Aunque quizás quede para ella un resto de esperanza: mañana es Navidad.

23 nov. 2017

Impotencia

Ilustración de Enma Florence Harrison


Miran el mundo con desolación. Su poder podría arreglarlo si los humanos se pusieran de acuerdo. Si pidieran unánimes la paz, la desaparición de la isla de plástico o el fin de la pobreza. Pero no. Los deseos de unos y otros se oponen con tal fuerza que las hadas no saben discernir quiénes merecen conseguirlos. Por eso agitan confusas sus varitas mágicas. Y por  no hacer más daño, solo las emplean para milagros pequeños, casi imperceptibles: que la muchacha que va a examinarse no pierda el autobús, que la señora de los pies hinchados pueda comprar sardinas a buen precio, que al chico que derrama una lágrima mientras se viste a escondidas con ropa de mujer no se le corra el rímel.

1 nov. 2017

Aventura secreta

Foto tomada de la web del alojamiento rural Sendero del agua
A María Arima, mi molinera preferida


En oyendo lamentos de mujer, arrojose el caballero por el sendero que lleva al molino con tal ímpetu que, aterrorizado, el monstruo que la sometía huyó en cueros vivos.

−¿Qué has hecho, bellaco?−bramó, alzándose, la molinera−. He quedado hecha fuego y sin tener quien lo apague. Tú mismo rematarás la faena que el mozo dejó a medias.

Al contemplar aquellas dos cántaras de nata fresca y el hondo pozo que hacía crecer su lanza como jamás lo hiciera la imagen de su señora Dulcinea, cayó don Quijote en un estado cataléptico del que solo lo sacaron las sacudidas de Sancho.

−¡Reviva vuestra merced, no se amohíne, que pájaro viejo enciéndese presto! ¡Bien le advertí que no eran de dolor aquellos gemidos que escuchábamos!


Con este relato he alcanzado la victoria en la final del Monstruoscopio 2017, uno de los concursos convocados por la web Esta noche te cuento que patrocinan los alojamiento rurales Sendero del agua y El molino de Bonaco. Mi agradecimiento a Mel, a Jams, al jurado y a los participantes.