29/8/2014

De las funciones de la literatura

Pórtico de San Millán de Suso

La luz de la mañana de agosto se filtra a través de los robles. A paso cansino, un asnillo arriba a la puerta del cenobio. El viajero descabalga y, mientras los legos se ocupan del jumento, marcha hacia el locutorio con el paso resuelto del visitante asiduo. Largo rato despacha junto al abad, a quien muestra las cuentas, escrupulosamente registradas en un gastado pergamino. Son tiempos de bonanza. El aumento de los romeros que se desvían del camino a Santiago y se acercan al monasterio para visitar las reliquias del fundador ha hecho crecer las limosnas; las villas cercanas vuelven a cumplir con antiguos votos hechos a san Millán y sus tributos abarrotan de grano la cilla, de vino la bodega y de cabezas de ganado los prados.

Resuena en la campana la hora sexta. El anciano se alza satisfecho y, antes de dejarlo marchar, se dirige al joven clérigo con aire paternal, que mitiga un algo el tono admonitorio: «La comunidad os agradece vuestros desvelos, bien sabemos cuánto nos ha ayudado la Vida de San Millán, que vos habéis compuesto y que los juglares recitan en las plazas, a atraer a los peregrinos y a restablecer la piedad de nuestros pecheros. Mas, ¿en verdad os parece conveniente que conste vuestro nombre al final del escrito? Mirad, maestro Gonzalvo, que el maligno siempre acecha para hacernos caer en pecado de soberbia». Y, retomando la pluma con la que copia un gastado manuscrito latino, añade para sí: «¿A quién pensáis, iluso, que interesará conocer el autor de una simple obrecilla hecha en romance, esa lengua vulgar que solo sirve para que los vecinos se entiendan entre ellos?»

31/7/2014

De etiquetas

Procedencia de la imagen


Al principio parecía inconcebible que una de las más bellas descendientes de nuestro antiguo linaje se hubiera enamorado de un advenedizo tan poco glamuroso. Sin embargo, resulta conmovedor ver cómo le ofrece cada pieza capturada y cómo espera pacientemente a que ella succione con sus delicados colmillos hasta la última gota de sangre del humano, antes de lanzarse él a devorarlo. Ya hemos empezado a mirar con otros ojos su relación. Aunque, desde luego, no estamos dispuestos a invitar a ese zombi a nuestro castillo hasta que no sea capaz guardar un mínimo de modales en la mesa.


22/7/2014

Encadenado

Procedencia de la imagen


Ante la sorpresa de los invitados, que creen recordar haber leído sus necrológicas en los periódicos, incluso haber asistido a su capilla ardiente, el laureado escritor entra en la sala con la mirada perdida. Sin hacer la correspondiente reverencia a los anfitriones, se lanza sobre el crítico literario que lo acusó de plagio, casca su cabeza apretándola entre las manos y devora la nuez de su cerebro. El cuerpo del crítico se alza al instante, se dirige hacia el director de "La gaceta literaria", arranca la mano que firmó su despido y la mastica con deleite. El periodista, por su parte, arrebata los genitales de un bocado al cineasta que le quitó la novia y este, a su vez, da sendos mordiscos en los pechos traidores de la chica, que lo abandonó por el gallardo príncipe que preside la recepción. El príncipe al ministro, el ministro a la duquesa, la duquesa a la plebeya que casó con el príncipe, la plebeya al jefe de protocolo...

Las bandejas del cáterin llegan al tiempo que los muertos vivientes abandonan la estancias a empellones, en busca de nuevas víctimas. Sentados entre charcos de sangre, con la puerta trancada por el rico mobiliario, los diez camareros—dos biólogas en paro, tres estudiantes de arquitectura, una aspirante a actriz y cuatro becarios— degustan canapés de caviar, croquetitas de gambas, mini hojaldres de hongos y delicias de jamón antes de que el Apocalipsis se consume.

En la Marina de julio, Marco Aurelio Chávez Maya nos propuso escribir sobre zombis.

16/7/2014

Belleza en fuga



Hacía tiempo que me observaba con odio. Se enfurecía al contemplar las finas líneas que se marcaban en torno a los ojos y en la frente, el inicio de flaccidez en el cuello, las ojeras cada vez más difíciles de disimular, por eso el ataque no me pilló desprevenida. Cuando la vi acercarse con la piedra en la mano, me apresuré a arrojársela primero. El impacto hizo trizas el espejo y ella se desplomó. Cada fragmento reflejaba su expresión tensa y dolorida.

Antes de huir me desmaquillé con cuidado y sonreí. El gozo de la libertad esculpía, sin censura, cada uno de los pliegues de mi rostro.

Haciendo recuperaciones de verano en los Viernes creativos de Escribe fino.

3/7/2014

Traditores





─Maese Juan ─pregunta el poeta con su voz atiplada‒, ¿a cuál de vuestros cajistas encomendasteis las páginas de mi Cancionero?

‒A mi hijo Tomás, señor, que acabó sus estudios de bachiller y anda aprendiendo el oficio. ¿Acaso no quedasteis satisfecho?

Fingiendo concentración el joven Tomás se inclina sobre el chibalete e intenta disimular el rubor que le quema en el rostro. Él solo pretendía corregir un verso mal medido, mas no pudo evitar compadecerse de la linda muchacha que yacía en el mármol de aquel manojo de poemas. En el mismo soneto XVII le soltó el cabello dorado, que se esparció fundiendo la nieve de su rostro; en el XXV, mudó la sonrisa de ángel por una risa pícara, llena de cascabeles; y en el XLII, cuando al fin se atrevió a besarla, arrancó de sus labios un suspiro que aún resuena entre aliteraciones.

‒Bien al contrario, señor maese, bien al contrario. ─El poeta carraspea, coloca un nuevo manuscrito sobre el mostrador y añade, casi en sordina‒: Quisiera que fuese él, y ningún otro, quien componga esta segunda parte de mi obra.

28/6/2014

Velados


Metamorphose by Claudia Wycisk from Gabriel Manz on Vimeo.


Las caricias resecas dejan sobre mi piel una capa de barro ceniciento que no logro arrancarme con las uñas. Mi sonrisa, una máscara mil veces repintada. Tus besos, agua de pozo quieta pudriendo nuestras bocas. Las horas y los años, los ritos, los deberes, el miedo y la costumbre tejieron como arañas el yugo que nos ata, el que ciega ventanas y salidas. No me atrevo a mirarte. Yo sé bien que tus ojos, cobardes e impotentes, no son más que un espejo que refleja los míos.

Esta fue mi participación de ayer en los viernes creativos de Escribe fino. El texto "apalabra", que diría Rosa Yáñez, el vídeo de Claudia Wycisk.

27/6/2014

Despojos del REC


Hoy he recibido mis ejemplares de Despojos del REC, el libro que recopila 210 microrrelatos y 70 ilustraciones reunidos gracias al empeño y la ilusión de Fernando Martínez. Esta estupenda ilustración de Gracia Suñer acompaña uno de los tres textos míos que aparecen en el libro, Cita galante.