24 ago. 2017

Artesanía de lujo

Jean Gabriel Domergue


La fábrica levantó la economía de Villantique. Sus paraguas, que conjugan la elegancia de los flamencos y el colorido de las mariposas, despliegan frente a la lluvia unas protectoras alas de albatros. Aunque sus precios desorbitados solo están al alcance de gente de fortuna, las ventas nunca decaen. Escurridizos como salmones, vuelan de regreso al lugar de origen cada vez que sus propietarios los extravían.

22 ago. 2017

Remake

Umbrella storm, de Viktoria Wigenstam

Un polvo blanquecino ensabanaba Nueva Sodoma. Sin haber derramado una sola gota, la estación de lluvias estaba por finalizar cuando, al fin, se dibujaron unas nubes prometedoras en el horizonte. Durante cuarenta días y cuarenta noches llovieron paraguas.

Esta mini ha obtenido el segundo premio, ex aequo, en la Marina de Ficticia de mayo. El jurado fue José Manuel Ortiz Soto, y aquí se puede leer su veredicto.

16 ago. 2017

Impronta

Fotografía de Eva García

Tras el primer celo perdió aquel trotar de corza juguetona, se le hincharon los pezones como uvas maduras y empezó a caminar con una gravedad desconocida. Pronto volcó todo su afán en el deslucido patito de goma que apareció en el armario cuando Fran se emancipó. Lo apretaba contra su costado y lo trasladaba de un lugar a otro sosteniéndolo primorosa entre los dientes, los mismos dientes con que se revolvía si pensaba que alguien amenazaba al objeto de sus desvelos. Aunque el veterinario insistió en que debíamos hacerlo desaparecer, arrebatárselo nos partía el alma casi tanto como verla desplegar aquel esfuerzo inútil.

Ayer nos despertó una agitación inusitada. Gala avanzaba por el pasillo con aire de matrona. La seguía el patito sobre sus nuevos pies palmeados. Revoleaba la cola al modo perruno y lanzaba, desde su pico abierto, un alegre "Guau, guau".

Segunda mención en la Marina de Ficticia. Ligeramente modificado siguiendo los consejos del jurado, David Vivancos Allepuz.


10 jul. 2017

Ruidos

Charles Sheeler, The upstairs

Subir de nuevo a la habitación con pasos sigilosos. Abrir la puerta de repente. Encontrarla otra vez abandonada al sueño, con la respiración plácida, cubierta hasta los hombros por una sábana impoluta, como recién planchada. Iniciar el descenso y, a mitad de la escalera, recomenzar a oírlos: el choque de los cuerpos al embestirse, el somier que chirría, sus gemidos apenas ahogados por la mano mordaza del amante. Girarse. Volver al dormitorio y, apretando el mango de la navaja hasta hacerse sangre, admitir que esa necesidad suya de sorprenderlos in fraganti antes de actuar no es más que puta cobardía.

8 jun. 2017

Amor al arte

Alain Robert


Tras varias semanas de seguirle la pista conseguimos averiguar en qué edificio tenía planeado realizar su actuación. Parapetados entre coches y contenedores de basura, pudimos contemplar cómo ascendía, apoyándose de pies y manos en las mínimas hendiduras de la pared, hasta alcanzar la cornisa del piso 127. Avanzó por ella con un paso tan ágil y elegante que nos vimos obligados a soltar los fusiles para romper en un aplauso entusiasmado. Antes de entrar por la ventana se giró, inclinándose hacia nosotros como si agradeciera el homenaje. Por desgracia esta mañana el noticiario se ha abierto con la misma triste noticia: "Un nuevo crimen del escalador asesino".

2 may. 2017

Cara a cara

Cow boy bathroom

Apuraba con la navaja los restos de jabón cuando la vio acercarse, una sombra reflejada en el trozo de cobre pulido que le servía de espejo. Él, que había jurado no morir de espaldas, aún tuvo tiempo de girarse, desenfundar y vaciar los dos cargadores. En seguida un infarto paró el corazón del pistolero más rápido del Oeste y ella se retiró con el deber cumplido, un agujero de bala en el cráneo y otros once labrándole de encajes la hoja de la guadaña.

27 abr. 2017

De manzana a manzana



Dream city, de Paul Klee

La atracción del alero neogótico del palacio presidencial por la cornisa racionalista del Banco de la Nación terminó por provocar una verdadera ruina.