20 jun. 2010

Preso de su destino

Altair and houri, de Autumn Sacura

Pese a que mi corazón siempre tembló con la mención de Alá, a que ayuné y practiqué la oración y la limosna, no conseguía arrancarme el tormento de la tentación. Sólo inmolándome en la lucha contra el infiel logré asegurarme el paraíso.

Mas ahora que en el jardín de las delicias gozo a las huríes de grandes ojos negros, sigo soñando que cada cuerpo que estrecho entre mis brazos es el de mi amado Yusuf ben Abdulah.

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8 comentarios:

  1. Elisa, muy bien escrito. La ambiguedad lo dimensiona.

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  2. ¡Excelente Elisa! remata perfecto.
    Saludos!

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  3. Y es que hay cosas que no se olvidan.

    Blogsaludos

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  4. Muy bueno, Elisa! Una lástima para el protagonista que el paraíso no fuera como esperaba... por eso yo soy de las creen que el paraíso hay que buscárselo en la tierra...

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  5. Qué mal invento eso de la religión cuando sirve para refrenar nuestros instintos. Felicidades por el microrrelato

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  6. Gracias, José Manuel, Claudia, Adivín.
    Viginia, no es fácil lo del paraíso en la tierra, al menos que no sea un infierno...
    Pablo, sí que es triste esa obsesión represiva de las religiones.
    Un gusto, como siempre, veros por aquí.

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  7. Estimada Elisa:
    Junto con agradecerte tu participación en el Vendaval de micros 2010, te doy las gracias por incluir mi página en tu blogroll. Ya te correspondí para que los lectores fluyan entre nosotros con toda facilidad.
    Un cordial saludo,
    PABLO GONZ

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