12 abr. 2010

Felicidad


No podía decir que no fuera feliz. Era la suya una felicidad cómoda y calentita, como los jerseys a rayas de colores brillantes que le tejía su abuela cuando era niño, la hebra enredada en sus dedos nudosos. Aquellos que, de tanto lavarse, terminaban quedándole demasiado anchos y demasiado cortos, con bolsas en los codos, agrisados y llenos de bolas.

7 comentarios:

  1. Qué bonito, qué calentito, qué tierno. Me encantó la imagen de la abuela tejiendo el jersey. No hay mejor forma de definir la felicidad, la seguridad que sentimos en el amor de nuestrs abuelos.

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  2. Gracias, Isabel, aunque, si lo lees con detenimiento, al final tiene su poquito de ironía...

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  3. Muy bueno Elisa! una felicidad demasiado cómoda diría yo...
    Saludos!

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  4. Elisa, me ha gustado; pero me queda la duda si el adjetivo "cómoda" no adelanta un poco la ironía final. Ojo, sólo es un parecer.

    Un abrazo.

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  5. Gracias, Claudia, es un placer verte por aquí, saludos.

    Gabriel, creo que tienes toda la razón. Es un texto primerizo, escrito con mucha ingenuidad técnica. Lo he publicado por el cariño que le tengo.

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