24 jul. 2016

Doma y fiera


Leonard Foujita, Domadora de leones


La señorita Mariluz es tímida y poquita cosa. Cuando algún miembro del circo se acerca al furgón escuela, la oye reprender a los alumnos con su voz de cristal a punto de romperse mientras los hijos del payaso la remedan, el del ilusionista hace desaparecer las llaves de su bolso y los mellizos de la acróbata dan triples saltos mortales entre los pupitres. Pero hay algo peor. Desde que el augusto la abandonó y ella se refugió en brazos del domador, cada noche resuenan tremendos latigazos en la caravana que comparten. Nadie se ha atrevido a mirar por el ojo de la cerradura. Quien lo hiciera, vería cómo la señorita Mariluz, ataviada con una escotada malla de la trapecista y unos tacones de aguja rojos, hace danzar a su partenaire a golpes de fusta antes de arrojarse a devorarlo como una leona.

6 comentarios:

  1. Es que la vida pública y la privada no siempre coinciden.
    Me gustó mucho este texto circense.

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    1. Afortunadamente podemos ser dos... o más. Un beso.

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  2. Me parece la pura definición de la originalidad, especialmente el planteamiento.
    Como siempre, entretenido y chocante como una buena taza de café. —Vale, yo no tomo café, pero estos relatos me hacen despertar.—

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    1. Tu comentario es casi un micro. Gracias, intentaré seguir despertándote si pasas por aquí.

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  3. Respuestas
    1. ¡Mire que le suelto un latigazo, don Oso! ¡Muak!

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