26 ene. 2016

Herencia

Fotografía de Jaded-Night, en Deviant Art

Ha oído que algunos perros acompañan el féretro de sus dueños y se dejan morir sobre la lápida. Pero esta no, esta se empeña en rastrear dentro del armario —donde aún se ordenan las camisas y los pantalones de los que doña Rosa no ha sido capaz de deshacerse— y en acercársele suplicando una caricia. Que no se queje. No le faltan el pienso, ni el agua, ni el obligado paseíto nocturno. Solo algunas noches, cuando el movimiento tenso de las orejas y la excitación de la cola delatan que el viandante con el que acaban de cruzarse formó parte de una vida feliz, de la que perra y amo siempre la excluyeron, la viuda se da la satisfacción de arrearle un par de correazos en el lomo.


Este micro obtuvo el primer lugar en la Marina del Ficticia del mes de diciembre pasado. Armando Gutiérrez fue el jurado del mes, y este su veredicto

5 comentarios:

  1. Sutil venganza. Si es que.... todo se sabe, siempre o casi siempre.

    Felicidades y bien merecidas

    ResponderEliminar
  2. Un relato inteligente con mecanismo de relojería.
    Me gustó (y me costó, que soy muy básico jeje)

    ResponderEliminar

¡Gracias por comentar!