26 sept. 2013

Terrores (2)

David Alfaro Siqueiros, Entrada a la mina



De chiquitillo tenía miedo a lo oscuro, pero la Justa no le consentía que encendiera la lámpara. Tuvo redaños, la Justa, para criarlo sola, nunca nos dijo quién era el padre. El Quico se hizo buen mozo, y tan listo que los maestros lo animaban a marcharse a estudiar a la capital, pero la madre no quiso separarse de él y tuvo que bajar a la mina, como todos. Mirad donde he acabado, nos contaba entre risas, con lo cagueta que era de chaval. Después, ya sabe, lo pilló el derrumbamiento bajando al pozo y ni siquiera nos devolvieron el cadáver. La ventana de la Justa se ve desde mi casa, ¿sabe usted? Desde aquel día no apaga en toda la noche la luz de la mesilla.

7 comentarios:

  1. Brillante, me encantó. Imposible no imaginarse al espectro de Quico vinindo a cobrar venganza de su madre castradora. Excelente.
    ¡Saludos!

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  2. De dónde vendrá esa manía que tenemos de ofrecer lo necesario cuando ya no hace falta. Desordenados somos.
    Abrazos Elisa, me gusta mucho, me gusta la historia, me gusta la voz que le das al narrador, me gusta...

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  3. Ufff, qué bueno! Me encantó, sencillo y directo, pero tan elocuente.

    Un saludo!

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  4. Los hijos deben volar. Triste, triste...

    Besos desde el aire

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  5. Muy buen relato. Uno se queda preguntando qué pasará en esa casa donde nunca se apaga la luz. ¡Un saludo!

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