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| El Lazarillo y el toro de piedra, de Antonio Ortega Moreno Ilustración procecente del banco de imágenes y sonidos del ITE. |
No os enfadéis, madre, que ni perdí el dinero, ni me lo robaron en un descuido. Fue que los huevos no llegaron al mercado. Cuando salí esta mañana me esperaban, para burlarme, Roque, Minguillo y Juanón, el manco. Me seguían llamándome cigüeña, porque dicen que tengo las piernas largas y flacas, ¡como si ellos las hubiesen visto! Hoy no estaba con ellos Lázaro, el de Antona, que sabe pararles los pies, así que dieron en arrojarme unos tronchos de berzas podridos y otros desperdicios que escondían bajo el jubón. Tanto me atolondré que, al atravesar el postigo, tropecé y vinimos los huevos y yo a dar en el suelo. No salvé ninguno, madre, los que quedaron enteros se los repartieron los tres arrapiezos y los bebieron entre risotadas.
Madre, no me riñáis, que si me entretuve fue por buscar a Lázaro. Nadie me daba razón de él, hasta que la Antona me dijo que se marchaba de Salamanca con el ciego al que lo ha encomendado. Me llegué hasta la puente, y, cuando acerté a verlos, arrimaba Lázaro el oído al toro de piedra, encandilado como si escuchase música celestial, y el viejo aprovechó su descuido para estrellarle la cabeza contra la figura. A mí, aun desde tan lejos, pareciome oír la calabazada. Qué va a ser de Lázaro, madre, que lo vi llorar, aunque aquella vez que, a orillas del Tormes, se hizo la rajadura con el filo de un canto ni siquiera se quejó; y quién me defenderá ahora de las chanzas de los mozuelos.
Yo pondré más empeño en los mandados, pero no dejéis que me lleve esa vieja que anda buscando criada, que cuentan que la emplumaron por bruja, y que cose virgos y tiene tratos con el diablo. Yo no quiero perder la honra, madre, sino esperar que vuelva Lázaro, que, despabilado como es, sabrá mejorar su suerte y conseguir un oficio. Él siempre decía que, con la ayuda de Dios, el día de mañana llegaría a ser pregonero, y entonces se casaría conmigo.
Este es el tercero y último de los relatos publicados en Miradas y letras II. En este caso he tomado elementos de una versión anterior que había tenido que suprimir por mor de las bases de la convocatoria. Sé que la norma es cortar en vez de alargar, pero no he podido resistir la tentación de añadir alguna cosita.





