2 sept. 2015

Naufragio

Ilustración de Anton Marrast



Él la amaba, su melena enmarañada de algas, la piel tostada, el perfume a salitre.

Ella lo amaba, la tierna firmeza de sus manos,  su afán por protegerla de todos los peligros, el calor de su pecho en la noche.

Se instalaron en el octavo piso de un moderno edificio con vistas a la playa.

A ella el apartamento le quedaba pequeño. Empezó a tropezar. Con los muebles, con las puertas, con los cristales impolutos.

Él tuvo miedo de que ella se marchara.

Ella no entendía por qué la asfixiaban sus abrazos y sin ellos no podían respirar.

Un día él se olvidó de cerrar las ventanas. Ella tomo impulso y se arrojó al vacío.

Algunos transeúntes la vieron zambullirse en el azul, los brazos extendidos y la cola ondeante. Una lluvia de espuma salpicó de frescor las aceras.


El agente que levantó el cadáver, el juez, el médico forense, solo vieron una mujer. Con la cabeza abierta y dos piernas quebradas.


De hace algún tiempo, un producto de los viernes creativos de Fernando Vicente.

4 comentarios:

  1. Un micro que hace pensar a la vez que deja huella. Felicidades.
    Besicos muchos.

    ResponderEliminar
  2. Tan duro como poético. UN relato desgarrador de realidad social cargada de lirimo. Me descubro
    Salud.

    ResponderEliminar
  3. Tiene mucha velleza. Se me eriza lo bello

    Besisímos

    ResponderEliminar

¡Gracias por comentar!