13 ene. 2014

Inocente

Iglesia de Santo Domingo (Soria)
Fotografía de Jesús Vega Sánchez


La mujer oyó algo sobre unos mensajeros alados y se acercó al portal por curiosidad, porque iban todos. Allí, al calor de las bestias, estaban el hombre, la recién parida y el chiquillo, que lloraba con desconsuelo. Sintió lástima y, viendo que a la muchacha no le había subido la leche, se abrió la túnica y lo amamantó.

Días después la mujer está sentada en el sardinel mientras su hijo succiona, goloso, de su pecho. El soldado aparece de repente, agarra al niño del brazo y lo levanta en el aire como quien sacude una estera. Ella intenta gritar que ha cumplido dos años, que le cuente los dientecillos afilados, pero la voz se desgarra en un aullido. El relámpago de la espada la ciega un instante y la cabecita rueda por el suelo.

Ya no tiene quien alivie sus pechos y se acuerda del recién nacido, quizás los soldados no encontraron aquel portal retirado. No lo encuentra. Dicen que un mensajero los alertó y huyeron en secreto, sin compartir con nadie la noticia.

Ahora, junto al pesebre, solo es llanto. Por el hijo muerto. Por esa leche que no puede ofrecer y se le va convirtiendo en veneno.

Este micro fue uno de los cuatro ganadores del mes de diciembre pasado en Esta noche te cuento.

8 comentarios:

  1. Recuerdo haber leído este cuentito en ENTC y como entonces dije, vuelvo a repetir que me gustó mucho a pesar del dolor de la madre de los pechos doloridos. Enhorabuena.
    Besicos muchos.

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  2. Merecido premio, muy justo, para una historia en la que no hay justicia.
    Buen trabajo, felicidades.

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  3. Me gusta que aportes ese punto de vista de los inocentes marcados por la desesperación de la madre que se convierte en veneno en su leche.
    Magnífico, felicidades Elisa.
    Abrazos.

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  4. Un merecido ganador, Elisa. Muy duro y muy bueno.

    Besos desde el aire

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