30 dic. 2011

Ex sanguine



Trepamos a la columna tras oír el último estertor, los capturamos conforme escapaban y les dimos cobijo.  Solo por dos sestercios el ejemplar. Le aseguro, señor, que los que aquí se ofrecen son los benditos piojos, pulgas y garrapatas henchidos de la sangre de nuestro estilita. A un precio inferior podría llevarse hasta una docena de descendientes legítimos.

21 dic. 2011

Feliz Navidad

Y como no podía ser menos, dejo a mis lectores un regalito navideño para que se lo hagan llegar a los niños que conozcan. Como veréis, está confeccionado al alimón por mi sobrina Carmen y por mí. Espero que os guste (o al menos que les guste a ellos).

18 dic. 2011

Viaje al futuro



Al contemplarse en el espejo, observa síntomas de envejecimiento. Aunque era una consecuencia previsible, la fascina lo vertiginoso del espectáculo: las arrugas se ramifican como hilillos de agua en una pendiente, las encías se descarnan, las canas invaden un cabello cada vez más ralo. Simultáneamente se le olvida quién es; para qué sirve la máquina que tiene delante; y también, por supuesto, que accionando la palanca de la derecha, el discurrir del tiempo se hace reversible.

12 dic. 2011

Orígenes

Gustav Klimt, La esperanza I

Bajo el repiqueteo de la lluvia, la joven disimula las lágrimas y se acaricia el vientre. Solo encuentra consuelo imaginando a su hijo: tendrá el cabello ensortijado y la sonrisa de su amante, el hermoso esclavo nubio que no logró introducirse a bordo y flota ahora, un cadáver hinchado más, en el mar hediondo que rodea la embarcación.

A escondidas, entre la muchedumbre de animales, otras dos mujeres acunan su incipiente preñez. La de Cam llora a un joven comerciante de tez amarilla y ojos oblicuos; la de Jafet, a un rubio mercenario de azul mirada fiera.

4 dic. 2011

Defensa de la literatura plebeya

De un tiempo a esta parte el microrrelato, género literario que goza de una tradición más larga de la que se le supone con frecuencia, se está convirtiendo en género de moda: hay editoriales que le prestan atención en sus catálogos, se publican estudios académicos rigurosos, se convocan innumerables concursos y aumentan sus cultivadores, muchos de los cuales, al no tener acceso a la publicación en papel, recurren a la digital y dan a conocer sus obras en bitácoras propias o revistas digitales diversas.

Esta proliferación de microrrelatos y microrrelatistas ha llevado a algunos escritores y estudiosos como Orlando Romano, Antonio Serrano Cueto o Xuan Folguera a plantear si el género no estará muriendo de éxito: mucho de lo que se publica en la red carece de calidad, en algunos concursos se eligen textos de escaso o nulo valor literario y, según el primero de los autores citados, incluso a los congresos (parece ser que convocados en países americanos) acceden escritores de tres al cuarto a leer su obra y satisfacer su ego con el aplauso de un público cautivo.

Me resulta curioso que se considere que el microrrelato se degrada porque algunos autores publiquen textos “lamentables” bajo su denominación. ¿Está la poesía en decadencia porque los adolescentes escriban ripios en sus cuadernos? ¿Cuántos poemas de ínfima calidad se producen y se difunden por medio de revistas digitales o en papel? Probablemente habrá más cultivadores de poesía que de microrrelatos y sin embargo nadie decide, por ello, cuestionar el género. Tampoco se cuestiona la novela aunque gran número de las que atiborran los mostradores de novedades carezcan de un mínimo de calidad; será, tal vez, porque a favor de sus autores siempre estará el hecho de haber dedicado largas horas de vida a su proyecto literario. ¿Son impecables los fallos de los jueces de los numerosos concursos de novela, relato o poesía que se convocan infatigablemente a nivel local, regional, nacional o internacional?

Es cierto que acercarse al microrrelato puede parecer fácil, aunque dominar sus reglas no lo sea tanto y escribir algo original, que explore y amplíe sus límites, lo sea aún menos. Es cierto hay quien denomina microrrelatos a textos breves que nada tienen que ver con ellos. También lo es que en la mayoría de los talleres literarios se propone la creación de microrrelatos porque se adaptan especialmente a una escritura rápida y facilitan la corrección por parte del profesor; los textos breves permiten a los aprendices acercarse con una aparente facilidad a la escritura literaria. Ahora bien, la literatura tiene una intención estética, pero también una función lúdica y expresiva para el que la practica. Si un escritor disfruta con lo que hace y satisface sus necesidades de comunicación y creación, independientemente de la calidad "objetiva" de su producto, ¿quién tiene autoridad para impedírselo? ¿Y quién le prohibirá que, en su búsqueda de lectores, publique su obra en un blog; establezca lazos con otras personas que tengan la misma afición en un fenómeno parecido a los numerosos círculos culturales y literarios que han florecido a lo largo de la historia, plagados de escritores malos o mediocres; o se presente a un concurso en busca de un premio o un reconocimiento?

Mucho se ha hablado sobre las causas del auge del microrrelato (la velocidad del mundo actual, su adaptación a los formatos digitales..), si un género se desarrolla, necesariamente aumentará el número de sus cultivadores menos buenos, buenos, alguno, quizás, extraordinario. Muchos de ellos desearán avanzar, descubrirán que para ello deberán leer textos de autores consagrados, atenderán recomendaciones de los expertos y se convertirán en público lector, tan necesario para que un género goce verdaderamente de buena salud. En este proceso los profesores de Literatura tienen especial importancia, el microrrelato es un género que se adapta bien no solo a los talleres de escritura, sino también a las aulas de primaria y secundaria, pues permite iniciar a los alumnos en una lectura que entraña una cierta dificultad y animarlos a escribir.

No creo que debamos preocuparnos porque “textos pobres y des-generados” producidos por aprendices, o simplemente por malos escritores, caigan en manos de “lectores, periodistas o críticos literarios genuinos” y eso les lleve a despreciar el género. Misión de los críticos que merezcan ese nombre será distinguir el trigo de la paja (aunque equivocaciones garrafales —o cambios en las modas— se han cometido y se cometerán), difundir los textos de calidad que encuentren y, al mismo tiempo, dar a conocer los textos canónicos para que los aficionados al género aprendan a degustarlos.

Bienvenidos sean, pues, al mundo literario todos los escritores de microrrelatos; muchos de ellos se convertirán también en lectores; pocos degustarán lo más excelso del género, la mayoría preferirá lo más digerible; unos cuantos crearán obras interesantes; alguno rozará la genialidad. Como en cualquier otro arte, ni más ni menos. No hay que rasgarse las vestiduras: la abundancia de cultivadores, denota la pujanza de un género, no su decadencia.

Los entrecomillados son citas textuales de Decadencia del microrrelato, entrada del blog de Orlando Romano. (consulta del 4 de diciembre de 2011).