7 mar 2010

Socorrista

El premio Algazara es una convocatoria de la editorial Hipálage que tiene el objetivo de publicar un libro de microrrelatos que reúna un conjunto de voces alegres. Y en ese condicionamiento radica su dificultad, porque, no sé si por su propia esencia o por ser uno de los géneros que mejor se adaptan a esta época cínica y desesperanzada que se ha dado en llamar posmodernidad, en los microrrelatos no abunda la "temática vital, optimista y entusiasta" que se solicita, y si no que se lo pregunten a sus personajes, cuya perra vida ha sido magníficamente descrita por Raúl Sánchez Quiles.

Yo también piqué, y aunque me costó, encontré un relatito con final feliz que ha sido seleccionado junto a otros 327 para formar parte del libro Cuentos alígeros, que será publicado en breve. A mi otro yo truculento no le convence demasiado, pero ver mi texto en papel impreso entre gente como  No comments, Daniel Sánchez Bonet y mi amigo y compañero Matías Ramón González Díaz no deja de hacerme ilusión.


Socorrista

Mi madre siempre me dice que me ahogo en un vaso de agua y hoy, sentado frente a ti, para echar ese valor que me falta, a punto estuve de ahogarme en uno de ginebra tres veces rellenado. Allí seguiría, entre diminutos y cúbicos icebergs casi derretidos, si no te hubieses decidido a tomar impulso en el borde de vidrio circular, si no te hubieses arrojado hasta el fondo con un salto elástico y elegante, si no me hubieses agarrado con un brazo, arrastrándome con el otro hasta la superficie -¿cómo puede tener tanta fuerza tu cuerpo delicado?-, si no me hubieses devuelto el aliento perdido con el boca a boca suave de tu beso. Te llamo mañana, que ahora no estás para nada, tonto, me dijiste al dejarme ante el portal de mi casa. Y no se te vuelva a ocurrir hundirte, ni en agua ni en ginebra, añadiste con una semiburlona sonrisa.

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3 mar 2010

No me gusta el tirachinas





Cada lector tiene el dinosaurio que se merece.
Javier Mije

Quedamos con la pandilla en la esquina de casa de Jessi, que vive al lado de la feria. Mi madre me dio permiso para quedarme a dormir allí y Jessi me prestó su top negro, con el escote palabra de honor. Cuando llegó Rubén empezó a meterse conmigo, que si se me iba a caer, que si yo no tenía tetas para sujetarlo, y me dio mucha rabia, pero luego, cuando todos se subieron en el Tirachinas y yo no quise, porque me entra fatiga, se quedó conmigo, aunque a él sí que le gusta, y me compró papeletas en la tómbola. Sólo me tocó un animalito de tela, de esos llenos de bolitas, un dinosaurio verde con la cresta amarilla. Con una mano lo llevaba y la otra me la cogió Rubén. A mí me latía el corazón muy deprisa y no me atrevía a decirle nada, sólo pensaba que me gustaría que no me la soltara nunca.

Después fuimos a la caseta del distrito y con el dinero que nos quedaba compramos rebujito, nosotros dos cogimos una jarra y cuando se terminaba mi vaso de plástico, él me lo rellenaba. No sé cuántos bebimos, entre vaso y vaso, Rubén me besaba en los labios, casi sin rozarme, y yo sentía como si me quemara. Me daba vergüenza y seguía sin saber qué decir, sólo bebía deprisa para que, al terminar el vaso, me besara de nuevo.

No me acuerdo de cómo llegamos a casa de Jessi. Creo que vomité en el descansillo y que fue ella la que tuvo que meterme en la cama mientras, entre susurros, me decía que no hiciera ruido, que iba a despertar a su madre. Todo me daba vueltas y la cabeza me dolía como nunca, pero cuando me desperté, apretado en mi puño derecho, el dinosaurio todavía estaba allí.

Tirachinas: Atracción ferial espeluznante que aparece en la fotografía.
Rebujito: Mejunje que se consume en la feria de abril de Sevilla compuesto por Seven Up y vino fino.

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27 feb 2010

Minifabulario

Desencuentros



Éste que veis aquí, cubierto de dentelladas y garrapatas, es Philos, el fiel compañero de Aracne, la muchacha de ágiles dedos que osó desafiar a Palas Atenea. Privado de los cuidados de su ama, vaga por la ciudad acompañado de una jauría de canes que se disputan los despojos con las aves carroñeras. Mas todas las noches regresa al jardín de su antiguo hogar y persigue, enloquecido, el rastro de Aracne entre los setos. Afortunadamente, es incapaz de oír cómo ella lo maldice cuando, en su afán, destroza las redes que se ve obligada a tejer sin descanso para conseguir su sustento y el de su prole.

De la importancia de la aplicación en el estudio



Tras las brillantes victorias de la tortuga sobre Aquiles y sobre la liebre, la zorra, siempre al quite, organizó un negocio de apuestas: la gacela compitió con el erizo, el antílope con el oso hormiguero, el guepardo con el perezoso… Frente al asno, el elefante era el claro favorito, lástima que tomó demasiado impulso. Muchos años después, los tripulantes de una nave procedente de un lejano planeta lo avistaron orbitando en torno a Júpiter y lamentándose aún por no haber prestado atención cuando en la escuela le explicaron las leyes de la inercia.

Las mil y una revisitadas

Dedicada al elefante funambulista.


El elefante, sobre la tela de una araña, tomaba más y más impulso en su balanceo hasta que salió despedido y, atravesando la atmósfera, llegó al espacio exterior. Inmediatamente fue avistado por un comando de extraterrestres hambrientos. Salvó la vida no más por su inagotable capacidad de inventar historias.


Del poder de la literatura

Andaban los ratones discutiendo quién le ponía el cascabel al gato cuando se ofreció voluntaria una ratona letrada y marisabidilla. Ocultando tras de sí la esquila, se acercó al gato y, ante el estupor de éste, comenzó a narrarle la historia de aquella muchacha, de nombre Sherezade, que casó con un rey despechado. El nerviosismo inicial de la ratona se fue disipando al observar la sonrisa del minino, que esperaba a que ella, al llegar al momento culminante de su narración, paladeara el triunfo.

—Lástima que la diversión previa a la cena no exija siempre tan poco esfuerzo por mi parte— piensa mientras la sorprende con un zarpazo y la engulle de un bocado.


Imágenes de Alejandro Gelaz 

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21 feb 2010

Guerreros





Con su escotado vestido de terciopelo, de anchas mangas, ceñido por un cordón de oro, la reina roja espera al rey junto a la tronera de su alcoba. Nunca los embates de su señor son tan ardorosos como cuando, recién llegado de la batalla, la arroja sobre el lecho y desgarra las prendas con las que se engalana para él. Hoy, ya anochecido, ha sido el rey blanco, tintas las vestiduras con la sangre de su enemigo, el que ha atravesado el puente levadizo para tomar posesión del botín conquistado: tierras, oro, torres, caballeros, siervos y mujeres tienen un nuevo dueño. Con el primer rayo de sol la reina advierte el rostro desconocido del hombre con quien ha compartido la noche de pasión. Hasta entonces no había apreciado ninguna diferencia.

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20 feb 2010

Mestizajes





Las Navidades son un tormento. Él no soporta la humedad de la casa de los padres de su amada, ni su luz azulada y fría, ni el inevitable ceviche en Nochebuena. Ella odia el menú vegetariano de sus suegros y el repiqueteo que producen sus cuñados al bailar sobre la tarima la noche de fin de año. Las dos familias los contemplan con recelo, ¿qué híbridos monstruosos no engendrará esta unión contra natura, de centauro y sirena?

Imagen procedente del foro Club del Románico
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Fieramente humano





Probaron la manzana y los expulsó del paraíso. Desde que los creó los había visitado a diario, había disfrutado de su compañía, de sus ojos abiertos a la sorpresa y al goce del mundo que había hecho para ellos, de la hermosura de sus cuerpos y de su alegría. Pero poco a poco se había ido dando cuenta de que a veces no era bien recibido, de que interrumpía su intimidad, de que ya no corrían a su encuentro con la impaciencia de las primeras veces. Empezó a pensar que había cometido un error dándole a Adán una compañera. ¿Por qué él, que había tenido el poder de crear el amor, no lo tenía para dotarse a sí mismo de un ser que lo mirase de igual a igual, que lo retara como Eva retaba a Adán y que se le enfrentara como Adán se enfrentaba a Eva? Inútilmente buscaba una costilla en su no-cuerpo. Entonces inventó la historia del árbol y del fruto prohibido: Una forma de despertar su interés, de volver a ser el centro de sus preocupaciones. Nunca imaginó que aquellas frágiles criaturas, salidas de sus manos, fuesen capaces de desafiarlo. Ya no hay vuelta atrás. Los ve marchar, cogidos de la mano, desheredados pero juntos, y llora su soledad escondiendo, ahora sí, la cabeza entre los brazos.

Microrrelato ganador del mes de julio de 2009 en el concurso convocado por Microficciones.com.ar 
Imagen de Alejandro Gelaz

4 ene 2010

Justicia divina




El Comendador irrumpió en la escena del sofá y recibió dos balazos. Gracias a su asesinato don Juan se libró de la condenación y Doña Inés, de limitarse a ser una cifra más en la lista de fechorías de aquel calavera.

Primera mención en el concurso de diciembre 2009 del Laboratorio de brevedades de Minificciones.com.ar.
Imagen de Alejandro Gelaz