12 nov. 2015

Rutinas

Soledad, de Ivonne Sánchez Barea



Antes de que llegue papá damos una mano de colorete a sus mejillas, le colocamos la peluca y los zarcillos de perlas. Él la entiende como nadie, bromea y promete que en cuanto se cure hará con su princesa aquel viaje a París tantas veces pospuesto. Ella saca fuerzas para sonreír, como antes del dolor y los tubos. Después mi hermana se marcha con el novio; papá, a jugar la partida de mus con los amigos; y yo me quedo, repasando las notas de la tesis, hasta que se incorpora la auxiliar del turno de noche.

4 comentarios:

  1. A veces no es necesario el giro final, o el dramatismo lingüístico, para que una historia se manifieste con todo su significado. Diría que al revés, que estorban, que tu relato se acerca más. Gracias por dejarnos este texto, Elisa, sobre todo para los que sabemos de esas rutinas de las que hablas. Un abrazo grande!

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    1. Gracias, Luz, y enhorabuena por todos los éxitos que estás cosechando últimamente. Has vuelto con fuerza, la literatura también es un bálsamo. Un abrazo.

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  2. Tengo un buen recuerdo de esa frase de inicio, con lo cual me gusta especialmente tu maravilloso texto.

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    1. Sííí, un Rec-iclado ;-). Me alegra que te guste y te agradezco tu fidelidad lectora. Otro abrazo para ti.

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