Bring me a unicorn, escultura de Wetcanvas en Deviant art |
No existe remedio eficaz para las bibliotecas infectadas por esta agresiva especie. Sus mandíbulas diminutas emponzoñan y fragmentan libros de cuentos, novelas y poemarios. Algunos ejemplares especialmente tenaces han conseguido convertir en microrrelatos incluso los tratados de jurisprudencia.
Me alegra que no exista tratamiento. El micro me gusta más que el Aranzadi
ResponderEliminarPues nada, a desintegrar el Aranzadi, de ahí deben salir miles de micros.
EliminarOlé, je je, mira a lo mejor así, en pequeñas píldoras, se entienden, je je.
ResponderEliminarAbrazos Elisa.
Ahora que lo pienso es lo que yo hago con mis alumnos, descomponerles los textos en pildorillas, pero tampoco es que así aprendan demasiado.
Eliminar¡Viva el microrrelato! Felicitaciones, Elisa.
ResponderEliminarGracias, Mónica.
EliminarElisa, recuerdo que me gustó cuando lo leí al igual que ahora, aunque si te soy sincero, no sé si lo voté. En cualquier caso este microrrelato demuestra tu ingenio y tus buenas letras.
ResponderEliminarA seguir así.
Abrazos.
Bueno, no sé si tuyos, pero tuvo votillos, quedó el segundo de la ronda. Lo malo es que en la tercera me estrellé.
EliminarGracias, majo.
Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh que bonito!! Precioso racimo de letras.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Nani, es un placer verte por aquí. Gracias.
EliminarSon realmente peligrosos, ya veo, porque un tratado de jurisprudencia en micro... Peligrosísimos y ojala existiesen, le veo algunas aplicaciones prácticas
ResponderEliminar¿Qué es lo que quieres destrozar, Luisa? A ver si vas a ser tú la peligrosa :-).
EliminarEl micro lleva un crecimiento saludable.
ResponderEliminarLo demuestras con éste.
Me recordaste que en las bibliotecas se topa uno con libros extraños, y que a todos nos beneficia captarles algo.
Pues sí, todo puede ser fuente de micro. Gracias, Carlos.
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