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Fotografía de Nino.Modugno en Flickr |
Mariela regresa de la guardería improvisada en la celda 54 y agita orgullosa un folio emborronado de acuarelas.
—Qué bonito, mi niña, ¿es una mesa?
—¡Si la mesa es amarilla y tiene patas! Mira, mami: cuadrado, azul, con rayas. ¡Es el cielo!
Madre mía, Elisa, me he tomado esta hora regalada de hoy para mí y he decidido visitar a los amigos que hace mucho no leía. Me llevo un pellizco... Con esa naturalidad tan tuya, has reflejado esa inocencia del niño ante la brutal realidad. Para él ese es el cielo, el único que existe. Y yo pienso, y menos mal que lo dejan estar con su madre. Un beso, espero poder visitarte más a menudo pero me roban el tiempo y no sé quién es. Mentira, lo sé, pero no puedo hacer nada para evitarlo (mis niñas y sus deberes) Un besazo, sigues escribendo como los ángeles.
ResponderEliminarMar, muchas gracias por pasar y comentar. Te entiendo perfectamente porque a mí me pasa igual. Si me pongo a comentar, gasto el poco tiempo que tengo para escribir. Sigo leyendo bastantes blogs, pero tengo que reservar tiempo para leer otras cosas. Además el trabajo, la casa. Un beso, y enhorabuena por todos los premios que llevas, estás hecha una campeona.
EliminarImpresionante, Elisa. ¡Cuánto dolor en tan poco espacio!
ResponderEliminarEste es un micro que provoca un toque en el estado de ánimo del lector.
Mis aplausos.
Un abrazo,
Gracias, Pedro, el mayor piropo que alguien puede decir de un texto es que conmueve.
EliminarUn abrazo.
Buff, ya es duro imaginar el cielo así, pero leerlo descrito, o pintado, por un niño... Qué bien economizadas las palabras, Elisa. Precioso.
ResponderEliminarAbrazos.
Un abrazo, Miguelángel. Gracias.
EliminarEsa microjustera!!! Tremendo relato, el cielo en un cuadrado con barrotes para una niña alegre que pinta con acuarelas.
ResponderEliminarSolo tú podías pintarnos esta escena con ternura y dureza a partes iguales.
Un abrazo
Ana, viene de varias justas atrás, de cuando el terrible Gotzon nos propuso como tema los nombres de chiquicientas cárceles. Hasta hoy ha estado guardado porque tenía que hacerle unos retoques siguiendo unos consejos que me dio el gran Patapalo.
EliminarUn abrazo.
Me encanta esa naturalidad con la que nos haces mirar al cielo y alegrarnos de que el nuestro no tenga barrotes, y soñar con que no los tenga para ningún niño. Precioso texto.
ResponderEliminarsaludillos
Ojalá, Puck, el cielo no tenga barrotes para ningún niño. Dale un cariñoso saludo al carnavalero Alex (con mi enhorabuena y un taconazo).
EliminarCon dos pares... Si dicen que la escuela es demasiado dura para los chicos, ni te cuento la guardería que retratas en tu micro. Bueno por cierto, breve, conciso y con la mirada clara de un niño.
ResponderEliminarUna perta.
Gracias, Cortacuentos, conciso tenía que ser porque en las Microjustas no nos dejan pasar de cincuenta palabras. Es un buen ejercicio.
EliminarJope Elisa,
ResponderEliminarMenudo sopapo de realidad. Y no podía llevar mayor carga de verosimilitud, la pobrecita contentísima con su obra, sin rastro de pena, nos pinta su cielo. Uff.
Enhorabuena, guapa
Rocío, si a ti te gusta, experta en niños como eres, me haces feliz.
EliminarQué alegría que hayas vuelto a escribir y a hacer visitas a las amigas.
Un beso.
cuánta ternura...
ResponderEliminarUff, la palabra ternura viniendo del terrible vittt me escama un poco. Es broma. Gracias por hacer más amable este domingo gris.
Eliminarta ternura del terrible vittt es legendaria. la carne se ablanda a golpes.
Eliminarme despertarse una ternura cierta, elisa.
Tremendo el micro, pero así es el cielo de estos niños, con rayas.
ResponderEliminarMuy bueno
Besitos