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Henry Edmon Delacroix Cross, El naufragio |
Mr. Smith alcanza la playa. Con sus últimas
fuerzas carga el cuerpo desmayado de Amanda, la bella vocalista de la orquesta,
hasta depositarlo bajo los cocoteros. La isla los recibe umbría, fértil,
preñada de aventuras, y Mr. Smith empieza a dar por bien empleados los gastos
del crucero, capricho de su esposa que terminó en desastrado naufragio. De
repente su flamante dicha se empaña: en dirección a la playa y sobre un colchón
hinchable, el orondo cuerpo de Mrs. Smith se perfila en el horizonte.
Haciendo visera con su mano derecha Mr.
Smith ve cómo, tras el colchón, aparece el fornido monitor de gimnasia
acuática, quien ayuda a Mrs. Smith a incorporarse y la guía, entre arrumacos,
hacia el bosquete de cocoteros.
Mr. Smith se debate entre la incredulidad
y unos tibios celos hasta que el despertar de Amanda lo devuelve a la
felicidad. Felicidad que durará el tiempo que tarde en advertir la emoción que
chispea en los ojos de la joven y en los de su mujer al descubrirse de nuevo
juntas, sanas y salvas.