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Cityscape, de Michael Wolgemut |
Al abrir la puerta y atravesar la muralla de Mnemosina, los contornos de los hechos se difuminan y los rostros de sus protagonistas se emborronan. Convertidas en cicatrices desvaídas, las heridas dejan de sangrar. La fealdad y el horror se desvanecen y dan paso una belleza gris, algodonosa, sin aristas. El viajero que se adentra demasiado en los recovecos de sus callejuelas se convierte en rehén de la ciudad: dedicado al culto de la memoria, olvida que existe una salida.
Microrrelato ganador del concurso convocado por Sevilee.
¡Enhorabuena!
ResponderEliminar¡Muchas gracias!
ResponderEliminarAlgo peligrosa esa ciudad, pero tiene su cosa.
ResponderEliminarMuy bueno el relato y tu blog, me quedare por aquí a leerte.
Un saludo.
Muchas gracias y bienvenido.
ResponderEliminarEnhorabuena Elisa. Es final me he encantado!!
ResponderEliminarBesicos muchos.
Un besazo, Nani, gracias.
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