18 may 2011

Megaquedada: mi micro tuneado

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En la imagen, el micro tuneado que llevé para todos los participantes (aunque alguno se debió quedar sin él, porque pensé que éramos menos). La versión que le tocó a Puck en el sorteo era de mayor tamaño y con un texto ligeramente diferente. A la arpía la retraté hace un par de semanas en la ermita románica de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar (Palencia), a cuyo interior pudimos acceder gracias a la señora Mercedes, que nos dejó amablemente las llaves tomando en prenda nuestro DNI. 

Para la lectura en la librería Tres rosas amarillas elegí otro texto, Aguedilla, por el cual tengo debilidad y que encajó perfectamente con la presentación que para mí tenía preparada Fernando. (Lo dejo aquí dicho porque Pablo me preguntó si estaba publicado en el blog).

Y con esta entrada termina el ciclo de la megaquedada y recuperamos la normalidad :(. Espero que volvamos a romperla pronto.

17 may 2011

Megaquedada: regalos

Las magníficas crónicas de Acuática y de Danik Lammá me ahorran el trabajo de hacer yo una, así que me voy a limitar a exponer los regalos que me tocaron, muchos y buenos.

En primer lugar un micro autógrafo, de la propia mano del gran Propílogo, que voy a guardar con siete llaves porque con el tiempo pienso subastarlo. Espero que Gabriel alcance pronto la fama que merece y las ganancias me permitan  jubilarme anticipadamente.

No veo (Propílogo)
Eres un hijo de perra y te envidio. No estoy hecho como tú, soy sólo una copia, y eso me mata. Todas las mañanas  escucho amanecer, escucho el rumor de máquina vieja que tus músculos emiten. Un ruido de sofá, de colchoneta, de mecedora bajo el agua. Un ruido asqueroso a mi izquierda. Un ruido azul, como yo. Un ruido de mierda, de ojo que ve. No es un ruido de ojo de cristal.

El segundo fue un micro tuneado de Danik Lammá, con la que además pude charlar sobre las casadielles que fritan las paisanas en su Asturias de adopción y de la nostalgia de los días de lluvia. Danik también me contó el origen de su seudónimo, pero eso no lo cuento, el que quiera saberlo, que se lo pregunte a ella.


De los marcapáginas que mandó Luiyi me tocó el de Niñocactus, y es así de chulo. Alberto también me contó el precioso origen de su nombre, me hubiera gustado enlazarlo aquí, pero no lo encuentro en su blog. 


Además, me llevé uno de los sombreros de Kum* que, por suerte, hacía juego con mi vestido y no dudé en ponérmelo. Anita nos sacó guapísimas a Su y a mí.



Pero, por supuesto, lo mejor fue poner cara y voz a todos los participantes. Aunque todo el día fue mágico, recuerdo especialmente los encuentros con Marina y Pablo Garcinuño; la presencia en la librería de Ángel L. Herrero, que vino invitado por  Pablo y por mí; las presentaciones de Fernando (con la mía acertó de pleno); los relatos-mosaico de Anita y Puck; las divertidas performances de Manu Espada y Kum*; el cuento de Manuel Ferrero (siempre me ha encantado Garbancito y él lo contó como nadie); el niño musical y la elegancia de Sara; la  presentación que hizo Puri Menaya de sus libros infantiles, que invitaba a disfrutarlos (me traje los dos y me han encantado); oír en boca de Beatriz un micro que he leído mil veces y cada vez me gusta más; sorprenderme con lo poco que Pablo Gonz se parece a sus fotos; la cálida simpatía de Miguel y la de Guillermo Escribano; el brindis; compartir con Alberto mesa y amor por las tierras castellano-leonesas; descubrir a Chon, creo que era la única a la que no conocía "en blog"; y, por supuesto, el fin de fiesta con Lola Sanabria, Kum*, Jaime, Torcuato y "Torcuata", Anita, Su, Mar, Marina y Chon. La única pega, lo escaso del tiempo, que no me permitió charlar a gusto ni con Rocío ni con Luisa; el consuelo, ese I que aparece en todas las reseñas antepuesto a las palabras Megaquedada microrrelatista. Ahora me voy a ver si por fin descargo el vídeo de Ángeles, que cada vez que lo intento me dice el megaupload que no está disponible, temporalmente.

15 may 2011

Las fotos de la megaquedada

La crónica tendrá que esperar, hace un par de horas que llegué de Madrid, pero no me resisto a la tentación de dejar las fotos. No son gran cosa como fotos, pero yo a todos os veo guapísimos. En las caras se nota lo muy a gusto que estábamos.

13 may 2011

Encuentro de microrrelatistas


Desde que la conozco, siempre que voy a Madrid paso por la librería Tres rosas amarillas y me hago un regalito. El próximo sábado se cumple un sueño.

9 may 2011

Quinta columna

A iniciativa de Anita Dinamita y para un acto ecologista celebrado el pasado 7 de mayo en la maravillosa isla de La Palma, se elaboraron y repartieron nueve marcapáginas con textos de distintos microrrelatistas y dibujos de Juanlu (Luiyi). A continuación os dejo el mío, pero antes, la lista de los restantes participantes, con el enlace a sus respectivos blogs:




Ha sido un placer colaborar con todos ellos, ver mi micro con la preciosa ilustración de Luiyi y pensar que tal vez hayamos podido poner nuestro granito de arena para ayudar a la conservación de este maltratado planeta que nos da cobijo.

2 may 2011

Agua de borrajas

El sábado 16 de abril, paseando por esa pública plaza que conócese como Facebook, topeme con el noble caballero Gotzon, el cual, tras comentar un sesudo artículo sobre la planta de la borraja escrito por mi señor cuñado, lanzome un guante que, no sin vacilación —pues harto respeto tengo a las letras de Don Gotzon— , y por no perder mi honra de cuentista decidime finalmente a recoger. Consistía el desafío en escribir un breve relato titulado Agua de borrajas y emplazados quedamos a publicarlo en nuestras respectivas gacetas, que agora llámanse blogs, tal día como hoy, 2 de mayo, puesto que considera el dicho caballero que en agua de borrajas quedan todas aquellas manifestaciones que celébranse la víspera, dizque conmemorando la dura condena del trabajo. Y pareciéndonos que el reto podría causar placer y regocijo a otros viciosos de la microliteratura, convinimos publicarlo en nuestro foro Brevedades, para que a él se sumaran cuantos miniescritores quisieren.


Más extenso de lo convenido salió de mi pluma el relato, pues siempre han sido las musas caprichosas y antojadizas, y, ya sin más dilación, déjolo a consideración de los lectores que por aquí pasaren, a quienes ruego lo juzguen con benevolencia.


Flor de borraja, fotografía de Joaquín Velasco

Agua de borrajas
(Leyenda)



Hay una yerba en el campo
que se llama la borraja
Toda mujer que la pisa
luego se siente preñada.


Romancero general



Cuentan antiguas crónicas que, entre los crueles reyes de los ágavos, destacó por su belicosidad y violencia el tercero de los que llevaron por nombre Caulión, y que casó este monarca con la dulce princesa Aminta, traída desde el país de Tule en una carroza de ébano tirada por ocho caballos blancos. La noche misma de la boda la joven reina engendró su primer hijo. Semanas después, ya sabidora de la cruel naturaleza del esposo y temiendo que el chiquillo, como así fue, se le pareciese, lloró amargamente Aminta y buscó la forma de no volver a dar descendencia a Caulión. Aconsejada por su vieja aya, hizo sembrar su jardín de esa yerba que llaman borraja y tiene la virtud de preñar, sin necesidad de varón, a la mujer que la pisa. Fue así como, tras el alumbramiento, y antes de haber yacido con su esposo, quedó de nuevo encinta la reina. Nueve infantes concibió de esta guisa, antes de morir de sobreparto del último, los nueve con los ojos azul terciopelo, como flor de borraja, y el carácter bondadoso de su madre, en todo diferente al del mayor.

Receló el rey al principio de la fidelidad de la reina; convencido, sin embargo, de que jamás entraba varón alguno en sus estancias y de que no había en todo el reino persona con aquel extraño color de ojos, aceptó a todos los infantes como hijos, aunque ninguno ocupaba en su corazón el lugar del primogénito, que se convirtió, apenas cumplidos quince años, en compañero de correrías de su padre y general de su feroz ejército. Vinieron por entonces a recrudecerse, por viejos pleitos de fronteras y aduanas, los enfrentamientos entre los ágavos y sus vecinos los amurios y en un arriesgado ataque a la fortaleza que protege el puente sobre el río Laucis fueron cercados y alanceados Caulión y su heredero.

Recién establecido en el trono, firmó el segundo hijo la paz con los enemigos y una desconocida prosperidad reinó entre los ágavos mientras se sucedían, uno tras otro, aquellos nueve monarcas sabios y prudentes, que administraban el reino con justicia. Mas quiso la mala fortuna que todos ellos murieran en la flor de la edad y sin dejar descendencia, pues suelen ser los híbridos de mujer y borraja enfermizos e incapaces de procrear. Y al finalizar el gobierno del último de los reyes de ojos azules recayó la corona en un sobrino nieto de Caulión, más sanguinario aún que sus antepasados, y quedó aquella breve edad de oro convertida en humo, tal como acostumbra a desvanecerse la felicidad de los hombres en la desgracia, la sombra y el olvido.

Participaron en la propuesta:
Gotzón
Anita Dinamita
Octavius Bot
José Luis

29 abr 2011

Costumbres

La mano derecha de mi madre, de El secretario

Tras los pasos menudos que atraviesan la puerta, un familiar “Mamá, tengo miedo” penetra en sus sueños y la impulsa a hacerse a un lado. El niño, acurrucado a su costado, acompasa pronto su respiración mientras ella, con el temor de aplastar el cuerpecillo frágil, cae en un sopor inquieto que desemboca en un sobresalto. Tantea. No hay rastro del hijo en esa cama metálica y ajena. Alarga una mano que el interruptor no acoge en el sitio acostumbrado: ese lugar preciso donde ella lo busca, a tientas, desde hace más de quince años.

Publicado en El microrrelatista



Este relato hace el número 100, entre micros e hiperbreves, de los publicados en el blog (entradas son algunas menos). Si me hubieran dicho hace un par de años que llegaría a escribir esa cantidad no me lo habría creído. Como dijo una vez Gabriel, el microrrelatista siempre teme que el texto que acaba de escribir sea el último, aunque con el tiempo se empieza a confiar un poco más en la esquiva musa. Un agradecido saludo a todos los que habéis tenido la paciencia de leerme, de forma más o menos asidua.