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22 jul 2011

Ingenio versus imaginación

«El imaginador es el que ocupa espacios que nadie ha tocado»

Esa tensión hacia lo inexplorado, esa pasión por destruir el estereotipo, lo repetido, por romper los tópicos y las superficies, ese rechazo frontal de lo simple y lo elemental, de lo conocido y por conocido superfluo literariamente, esa aspiración imperiosa por acceder a mundos desconocidos del sueño y el deseo, esa ambición sin medida por ampliar el mundo real, rehacernos lo perceptible, sumergirnos en lo sorprendente y maravilloso, que es en definitiva la identidad mayor de toda la obra literaria de Pérez Estrada, se basa de manera fundamental en su carácter imaginativo […].
Imaginación, que es cosa diferente de ingenio. Lo imaginativo no es lo ingenioso. Y lo imaginativo quizá sea, con la metáfora, los dos «recursos» literarios sobre los que nuestro escritor estuvo reflexionando con más ahínco y mayor frecuencia a lo largo de su vida.
Para Pérez Estrada la imaginación fue siempre el mayor ejercicio de literatura creadora que era posible ejercitar, la mayor expansión liberadora de la inteligencia y la sensibilidad, mientras que el ingenio está prisionero del efectismo, del momento, de la sorpresa, de «lo devaluado, de lo extravagante, lo absurdo y lo escandaloso».
Desde mi punto de vista, flaco favor le hacen a la entidad y valía singularísima de sus textos aquellos estudiosos y críticos que las basan fundamentalmente en lo ingenioso, lo divertido, lo sorprendente y chistoso de su escritura, cuando la grandeza de Pérez Estrada, como creador, radica esencialmente en su sentido imaginativo, en la generosidad de su visión del mundo, en su sorprendente capacidad para estructurar literariamente un tratamiento natural y ordinario de lo extraordinario o ilógico, en su visión impetuosamente dionisiaca por encima de lo lúdico, del divertimiento.

Palabras de Rafael Ballesteros en la introducción a La luz de las palabras, antología de textos de Rafael Pérez Estrada, publicada por el Centro Andaluz de las Letras. (Málaga, 2001).

31 dic 2010

De Un tal Lucas


Hace un par de días recibí los dos tomos de los cuentos de Cortázar que me enviaron Juan José Panno y Mónica Pano desde Cuentos y más. Falta me hacían, porque mis tomitos de bolsillo, sobre todo los de Alianza, estaban descuartizados después de tantos años y tantas lecturas. En un viaje relámpago a Madrid he aprovechado para enfrascarme en Un tal Lucas, creo que el único de los libros que no había leído hasta ahora, o al menos no  completo. El Cortázar más humorista y juguetón se pasea por cada una de sus páginas y, pese a que las circunstancias no eran especialmente propicias, nos arrancó unas risas con los escatológicos pudores de Lucas (no se los pierdan), sus traumatoterapias y sus sonetos rigurosos, acabados, tersos y frágilmente duros como huevos de gallina. 

De uno de los capítulos, Lucas y sus discusiones partidarias, traigo esta breve cita, pues al leerla no pude evitar acordarme del funambulista Gabriel, a quien se la dedico. Reflexión literaria trufada de guasa, pero no por ello menos certera.

[...] lenguaje e invención son enemigos fraternales
y de esa lucha nace la literatura,
el dialéctico encuentro de musa con escriba,
lo indecible buscando su palabra,
la palabra negándose a decirlo
hasta que le torcemos el pescuezo
y el escriba y la musa se concilian
en ese raro instante que más tarde
llamaremos Vallejo o Maiakovski.

Queridos escritores, que en el año 2011 le torzáis felizmente el pescuezo a la palabra para que el escriba y la musa se concilien.

2 dic 2010

Italo Calvino, sobre la brevedad.


Como para el poeta en versos, para el escritor en prosa el logro está en la felicidad de la expresión verbal, que en algunos casos podrá realizarse en fulguraciones repentinas, pero que por lo general quiere decir una paciente búsqueda del mot juste, de la frase en que cada palabra es insustituible, del ensamblaje de sonidos y conceptos más eficaz y denso de significado. Estoy convencido de que escribir en prosa no debería ser diferente de escribir poesía; en ambos casos es búsqueda de una expresión necesaria, única, densa, concisa, memorable.

Es difícil mantener este tipo de tensión en obras muy largas. […] La longitud y la brevedad del texto son, desde luego, criterios externos, pero yo hablo de una densidad particular que, aunque puede alcanzarse también en narraciones largas, encuentra su medida en la página única.


Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Ediciones Siruela, 1998, pp. 60-61

Publico estas líneas del maestro Calvino porque creo que responden a una pregunta que me hizo Julio hace un tiempo, porque le pueden gustar a Gabriel, amigo de citas literarias, y para recomendar, a los que no las conozcan, que anoten las Seis propuestas para el próximo milenio en su agenda de lecturas imprescindibles.