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13 jul 2020

Encarnación

Casa en Laza (Orense)

Porque eran valientes y pobres se atrevieron a alquilar la mansión, tanto tiempo abandonada. Ella era alegre como un pájaro; él, habilidoso y reconcentrado. Entre los dos recolocaron tejas, empapelaron paredes, tapizaron los muebles. De noche se amaban con una pasión tierna que pronto me permitió anidar en el vientre de la muchacha y, mientras el fuego de la chimenea convertía el caserón en hogar, la sangre volvió a recorrer mis venas heladas, mi cuerpo se meció dentro del suyo y mis oídos escucharon, amortiguado por el líquido amniótico, el tarareo de una nana. 

Meses después los vi recoger sus cosas. Lloré, acaricié sus rostros con mis manos pequeñas, vacié a escondidas las maletas que acababan de llenar. Fue inútil. Se fueron −como todos mis padres anteriores− dejando la cuna olvidada y reprochándose uno a otro haber desatendido los rumores sobre este lugar maldito donde las niñas siempre nacen muertas.

Este relato es el que apareció publicado en el libro recopilatorio de ENTC titulado EN7Colores donde me colé gracias a haber alcanzado la final del Monstruoscopio, concurso anual comvocado por Mel Nebrea.

8 ene 2020

Nuevas aventuras del sastrecillo valiente I

Ilustración de Dani Torrent

          El Monstruoscopio es un divertidisímo concurso en siete rondas organizado por Mel Nebrea en la web Esta noche te cuento. En esta ocasión se ha dedicado a los cuentos tradicionales. Todos los inscritos al concurso participábamos bajo un seudónimo que no se desvelaba hasta el final. El mío fue «Sastrecillo valiente» y, además de traerme tanta suerte que quedé segunda en el torneo, sirvió de inspiración a alguno de mis microrrelatos, entre ellos a este que debía estar protagonizado por él e incluir la palabra «paracaídas».

Genio y figura


         
          En la tierra de Fantasía todos pasamos por una etapa de peligros y aventuras que crea adicción. Después vienen los finales felices, la inactividad, el aburrimiento. Para escapar sin darnos un batacazo se me ocurrió coser cuidadosamente grandes trozos de seda que, sujetos con cuerdas al cuerpo, se desplegaran al caer. Paracaídas, le puse a mi invento. Caperucita fue la primera en aterrizar en Realidad sin hacerse daño. Allí ha creado un servicio de cáterin para abuelos que viven solos. La siguieron Blancanieves, que produce manzanas ecológicas; Pinocho, que limpia los bosques para que no se produzcan incendios; y tantos más que, como sastre, ya no soy necesario. Acabo de enterarme de que andan por allá abajo, abusando de la gente, unos gigantes terribles, así que he decidido lanzarme también. ¡Temblad Uber, Amazon, Microsoft, Google..! ¡Como me llamo Valiente, que me cargo a siete de un golpe!

7 ene 2018

De cacería




Manuela es una amante recatada, nada que ver con la mujer que escudriña los estantes y revuelve los contenedores. Mil veces me lo ha prohibido, pero, al llegar las rebajas, la sigo a escondidas disfrutando del andar sinuoso, los labios palpitantes que dejan escapa un hilillo de saliva, los pezones enhiestos, la humedad que −presiento− resbala por sus muslos. Cuando finalmente se dirige al probador me uno a ella con naturalidad fingida y, tras la puerta cerrada, se me entrega anhelante mientras engarfia los dedos en la seda, el lino o el poliéster. 

La dejo arreglándose torpemente y me ocupo de pagar las prendas arrugadas que lavará y planchará cuidadosa para poder devolverlas. Aceptar el regalo, masculla contrariada, sería comportarse como una puta.

24 dic 2017

Usurero

Ilustración de Anton Pieck para A Christmas Carol, de Charles Dickens.


—Señor, no podemos pagarle. Mi madre está enferma, necesita leña y medicinas. ¿Podría prestarnos unas libras más?

Ante el gesto furibundo del viejo, Fanny hace un último intento y abre el abriguillo raído que esconde su cuerpo adolescente, desnudo y esquelético.

La mirada escrutadora de Ebenezer Scrooge la recorre. No entiende de mujeres, pero el óvalo delicado del rostro, las piernas bien formadas, los pechos altos y menudos no lo dejan indiferente. Con buenos alimentos y un aprendizaje adecuado…

—Mañana vendrás conmigo a casa de madame Célestine. Ella te enseñará un oficio con el que podrás pagar lo que me debes. Incluyendo intereses, por supuesto— añade con su voz aflautada.

La muchacha asiente temblorosa. Su destino está echado. Aunque quizás quede para ella un resto de esperanza: mañana es Navidad.