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7 may 2026

Una vuelta del derecho y otra del revés




Esta es mi colaboración en la antología Miniaturas del corazón, una antología realizada por iniciativa de la revista Brevilla en la que participan excelentes microficcionistas de distintos países de habla española. Muchísimas gracias a Lilian Elphick y al resto de los compiladores.

11 dic 2025

En Infolibre

 Hace ya un tiempo tuve el honor de aparecer en la sección "Liebre por gato" de Infolibre, coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer, con cuatro micros inéditos.




11 ene 2021

Nochebuena

Convento de Santa Paula (Sevilla)


Lo colocaron junto al altar, en su cuna de madera, antes de la misa del Gallo. Horas más tarde, ya retiradas en sus celdas, lo oyeron llorar por primera vez. En su afán por consolar al recién nacido, las hermanitas acudieron presurosas a la capilla, donde se entabló una batalla a empujones y bastonazos. De las doce octogenarias que formaban la comunidad solo ha sobrevivido sor Eduvigis, la ecónoma.

    El niño, una bellísima talla del siglo XVII, se encontró descuartizado, sin posibilidad alguna de restauración.

Microrrelato seleccionado para formar parte de la antología digital de relatos navideños Campanadas, compilada por Lorena Escudero y Rony Vásquez Guevara, que se puede descargar gratuitamente aquí.

27 nov 2020

Juntos

Foto de Alessandro Vannucci en Flickr


La sombra miraba envidiosa cómo las demás jugaban a pídola, al rescate, a policías y ladrones, al fútbol. Ser la sombra de un niño sin amigos, que se sienta solo en un rincón del patio, es muy aburrido; por eso decidió rebelarse. Aprovechó el momento en que la pelota rebotó junto a ellos para alargar la pierna y pegarle con todas sus fuerzas. Después echó a correr, pero una sombra no puede despegarse de su dueño. Así que el niño tuvo que salir corriendo arrastrado por ella. Desde entonces juegan con los demás, a pídola, al rescate, a policías y ladrones, al fútbol. No son una sombra que imita a un niño, sino un niño que imita a una sombra, pero de eso nadie se da cuenta.

Este micro es uno de los que forma Pequeficciones, antología de minificciones para niños, compilada por José Manuel Ortiz Soto y Chris Morales, publicada por Parafernalia Ediciones Digitales, que se puede descargar gratuitamente en pdf.

Juntos se leyó el día de la presentación de pequeficciones, lo podéis escuchar a continuación junto a otros textos de Miguel  Ángel Flores y Elena Bethencourt.


12 jul 2013

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Dijiste que no era más que un paréntesis en tu vida y te marchaste, como si nada. Yo en cambio sigo aquí, encerrado entre dos paredes cóncavas que no hay manera de escalar.

Este hiperbreve aparece publicado en Pseudonims nº 45, junto a textos de escritores como Rubén Rojas Yedra, Patricia Nasello y Paloma Hidalgo.


25 abr 2011

Aguedilla

El Lazarillo y el toro de piedra, de  Antonio Ortega Moreno
Ilustración procecente del banco de imágenes y sonidos del ITE.


No os enfadéis, madre, que ni perdí el dinero, ni me lo robaron en un descuido. Fue que los huevos no llegaron al mercado. Cuando salí esta mañana me esperaban, para burlarme, Roque, Minguillo y Juanón, el manco. Me seguían llamándome cigüeña, porque dicen que tengo las piernas largas y flacas, ¡como si ellos las hubiesen visto! Hoy no estaba con ellos Lázaro, el de Antona, que sabe pararles los pies, así que dieron en arrojarme unos tronchos de berzas podridos y otros desperdicios que escondían bajo el jubón. Tanto me atolondré que, al atravesar el postigo, tropecé y vinimos los huevos y yo a dar en el suelo. No salvé ninguno, madre, los que quedaron enteros se los repartieron los tres arrapiezos y los bebieron entre risotadas.

Madre, no me riñáis, que si me entretuve fue por buscar a Lázaro. Nadie me daba razón de él, hasta que la Antona me dijo que se marchaba de Salamanca con el ciego al que lo ha encomendado. Me llegué hasta la puente, y, cuando acerté a verlos, arrimaba Lázaro el oído al toro de piedra, encandilado como si escuchase música celestial, y el viejo aprovechó su descuido para estrellarle la cabeza contra la figura. A mí, aun desde tan lejos, pareciome oír la calabazada. Qué va a ser de Lázaro, madre, que lo vi llorar, aunque aquella vez que, a orillas del Tormes, se hizo la rajadura con el filo de un canto ni siquiera se quejó; y quién me defenderá ahora de las chanzas de los mozuelos.

Yo pondré más empeño en los mandados, pero no dejéis que me lleve esa vieja que anda buscando criada, que cuentan que la emplumaron por bruja, y que cose virgos y tiene tratos con el diablo. Yo no quiero perder la honra, madre, sino esperar que vuelva Lázaro, que, despabilado como es, sabrá mejorar su suerte y conseguir un oficio. Él siempre decía que, con la ayuda de Dios, el día de mañana llegaría a ser pregonero, y entonces se casaría conmigo.

Este es el tercero y último de los relatos publicados en Miradas y letras II. En este caso he tomado elementos de una versión anterior que había tenido que suprimir por mor de las bases de la convocatoria. Sé que la norma es cortar en vez de alargar, pero no he podido resistir la tentación de añadir alguna cosita.

21 abr 2011

Rodrigo

Leyendo, de Antonio Álvarez Gordillo



Madre, dice Miguel que, si no lo dejo leer tranquilo, a la noche vendrá el gigante Caraculiambro y me llevará con él a su ínsula de Malindrania.

—¿Y se puede saber que más te ha contado ese zascandil?

—Pues que a padre le embargaron y lo metieron en la cárcel porque un mago llamado Freston le tiene ojeriza y le ahuyenta la clientela, que por eso tuvimos que marcharnos de Valladolid. Y que él de mayor no quiere ser cirujano barbero, como padre, sino soldado, que la gloria no se consigue enderezando huesos ni poniendo cataplasmas. Y que no sabe si se enrolará en una armada para luchar contra el Gran Turco o se unirá  al ejército de Pentapolín, el rey de los Garamantas  Y que no tiene miedo de que lo hagan prisionero, porque ya discurrirá él mil ardides para liberarse.

—¡¿Qué voy a hacer con este hijo, Dios mío?!  ¡Miguel! ¿Qué sabrás tú de gloria? ¡Suelta los libros y deja de  asustar a tu hermano! Que con tantos Amadises y Palmerines se te va a terminar secando el cerebro. ¡Como si no tuviésemos ya bastantes calamidades en esta casa!


Este  micro, junto con La regañina (allí titulado Beatriz) y Aguedilla, ha aparecido publicado en Miradas y letras II, libro que contiene una selección de las fotografías y los relatos presentados al concurso que convocó en 2110 la Fundación Camino de la Lengua Castellana.

17 abr 2011

La regañina

Retrato de tres niños, de Sofonisba Anguisciola

"De que vi que era imposible ir a donde me matasen por Dios, ordenábamos ser ermitaños; y en una huerta que había en casa procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas pedrecillas que luego se nos caían, y así no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo".

Teresa de Jesús, El libro de la vida.


El sol poniente dora la piedra del cercano hospital de Santa Escolástica cuando la criada, bien avisada, siente los tres golpes, amortiguados por un grueso paño interpuesto entre la aldaba de bronce y la puerta. De puntillas atraviesa el patio y vuelve llevando a la niña de la mano; pero esta tarde sus esfuerzos resultan baldíos, doña María las ha oído desde su aposento, interrumpe el rezo del rosario y reclama a la hija.

—Beatriz, ¿cómo vienes con el tacón del chapín roto y la saya desgarrada? ¿Y esas trenzas deshechas? Enséñame las manos.

Dos manos de uñas rotas, aún con trazas de tierra, salen de detrás de la amplia falda y se muestran, temblorosas y paralelas.

— ¿Otra vez haciendo de albañiles? ¿De dónde sacáis esas ideas de levantar ermitas en el jardín? Seguro que la vecinita no se mancha las manos de barro, que ella se reserva el papel de alarife. No sé qué tendrá esa muchacha para sorberos así el seso. Su madre no gana para disgustos, pobrecilla, casi se muere el día en que se le escapó con Rodrigo.  ¡A tierra de moros! Y es que tiene a los hermanos dominados, que no ven más que por sus ojos. Menuda marimandona está hecha. Te digo, Beatriz, que Teresita, con ese carácter que tiene,  no va a encontrar un hombre que se atreva a pedirla en matrimonio. Y tú, como sigas detrás de ella como cordero tras pastor, vas a quedarte también para vestir santos.