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12 jun 2012

Blanca (o negra)


Laurette tuvo que pasar mucho tiempo tras la cortina de seda roja espiando a Luz Celinda, antes de atreverse a pinchar en un tablón tres alfileres de Kobayende que había escamoteado a la bruja y a moldear con cuidado en torno a ellos una delgada figura de cera. Coronó el muñeco con un mechón de cabellos crespos arrancados a Enmanuel en una pelea y lo consagró con fuego, agua, aire y tierra. Después, muy despacio, un algo cada día, fue retirando las agujas hasta que, ante el asombro de la madre y la incredulidad del médico blanco, las piernas muertas del hermanillo comenzaron a sostenerlo y desapareció la nube que le empañaba el ojo izquierdo.

Ahora que Enmanuel camina orgulloso hacia la escuela y aprende a defenderse por sí mismo, Laurette sabe que debe restituir a hurtadillas cera y alfileres –¿qué castigo no tramará Luz Celinda si la descubre como autora del robo?– ; pero cada vez que se cruza con el grandullón que los hostigaba mientras ella tenía que llevarlo a cuestas, el que arrojó entre burlas aquella piedra que dejó tuerto al pequeño, decide guardarlas por un tiempito más.

25 may 2012

La niña coja

Procedencia de la imagen




Lo que le gusta del tío Juan es que le saca caramelos de la nariz y moneditas de las orejas. Lo que no le gusta es que le crezca la varita entre las piernas, ni el sabor de esa poción que hará que ande como las demás si nunca, nunca, le cuenta a nadie que él es un mago.

11 may 2012

Deseos cumplidos

Imagen de El Cartero


Sí m'hija, aquí se lo escribí, todo bien detallado: hojas de girasol, para atraer al hombre; velas y rosas rojas, para hacerlo su novio; baños con pétalos de rosas blancas, para casarse pronto; y unas hojitas de romero en el ramo de novia, para que el matrimonio dure para siempre. Pero para siempre, siempre, ¿eh? Mire que se lo advierto. No vaya a ser usted una de esas que me hacen barrer todas las noches el portal antes de montarme en la escoba para reunirme con las colegas. ¡Perdido de flores mustias me lo tienen siempre intentando deshacer el conjuro, las malagradecidas!

16 mar 2011

Filius philosophorum


Tras años de introducir dentro del crisol la mezcla de pelos, piel y esperma y de rodearlo con estiércol de caballo para mantener la temperatura, el viejo alquimista vislumbra por primera vez en su fondo la criatura quebradiza, casi sin sustancia, aún carente de vida. En secreto la alimenta con sangre humana hasta que, al fin, una madrugada lo despiertan sus gemidos desconsolados. Las impacientes manos del anciano extraen del recipiente un homúnculo de piel rosada, perfectamente constituído, aunque de un tamaño mayor del que imaginaba e, incapaz de calmar su llanto, reclama la ayuda de su joven criada que acude presurosa, se desabotona el corpiño, acerca al pequeño ser a su pecho y lo deja succionar hasta que se calma.

El entusiasmo por el éxito de su experimento no permite al sabio apreciar las ojeras de la muchacha, ni la repentina estilización de su cintura, ni el alivio que refleja su rostro. Mientras tanto, en el corral, las gallinas picotean el cadáver semitransparente de un hombrecillo diminuto.

Este micro fue uno de los cuatro premiados en la Marina de Ficticia el pasado mes de enero. En esta ocasión el jurado fue el dramaturgo y director teatral y psicoterapeuta Carlos Robles Cruz.