18 jun 2011

Un hombre gris sobre la acera

Shellac on a Hand, de Jim Dine

El arma homicida había penetrado, certera, el quinto espaciointercostal y, atravesando el ventrículo izquierdo, provocó una muerte instantánea. No se encontraron huellas ni testigos. La biografía del difunto, un individuo borroso, carente de riqueza, poder o pasiones, no permitía imaginar un móvil para el crimen. El caso se estaría pudriendo en los archivos si el sargento Duque no hubiera abierto una nueva vía de investigación. La auténtica víctima no era el discreto ciudadano Ramírez, sino el corazón de la hermosa y casquivana Emilia Duarte; órgano que, tres meses antes del asesinato, Ramírez había recibido en trasplante.

13 jun 2011

Buena vecindad


Por fin habíamos quedado para cenar. Llevaba prometiéndome las costillas asadas desde que me mudé a la urbanización —que si eran su especialidad, que si me iba a chupar los dedos—, y nunca encontraba el momento de invitarme. El olorcillo de las brasas llegaba hasta la esquina del polideportivo, la boca se me derretía de gusto. Y se me presenta con la bandeja de sardinas. Hoy no había buena carne, se excusó. Las manos se me agarrotaron alrededor de las dos botellas de rioja que le llevaba. Comí costillas, claro que las comí. ¿El resto? Enterrado junto a la barbacoa. Yo sólo me cobro lo que se me debe.

8 jun 2011

La unión hace la fuerza

Árbol, sol y niños, de Antonio Álvarez Gordillo


Lo enrollamos despacito, como hace mamá con la alfombra del salón, lo cargamos a hombros entre todos y lo tiramos al río. Fue un robo sonado. Después tuvimos cinco meses de vacaciones: el tiempo que tardaron los mayores en construir de nuevo el camino hasta la escuela.


3 jun 2011

Proezas

Dibujo de Carmen Rapallo


Todos saben que es una mujer bala, pero a ella no le importa. Prepara las albóndigas en un santiamén, deja la casa reluciente, nos levanta a mi hermano y a mí y nos deja en el colegio antes de marcharse a trabajar. A la vuelta compra en el súper, plancha y nos ayuda a hacer los deberes. Cuando los terminamos, hasta la hora de acostarnos, nos canta canciones del lejano país desde el que la arrojó el cañón o nos cuenta las historias de sus habitantes. Y entonces, aunque no lo creáis, mamá tiene el poder de detener el tiempo.


Proezas obtuvo el octavo puesto compartido con Puck, Víctor Lorenzo y Ángeles Sánchez en el I Concurso El Microrrelatista. El retraso en su publicación se ha debido a causas ajenas a mi voluntad. Estaba tan contenta por la clasificación y la compañía que encargué un dibujo a mi ilustradora favorita, Carmen Rapallo. Y, claro, ella tiene tantos compromisos (los deberes, el inglés, las sevillanas, los juegos, los amigos, el cole... ) que no ha podido enviármelo antes. La espera ha merecido la pena, ¿quién hubiera captado el espíritu del micro mejor de lo que ella lo ha hecho?


Me imagino que muchos habréis visto que se trata de un ReCiclado. En su día, Maite García de Vicuña publicó un micro con una temática parecida, aunque ambos terminan discurriendo por caminos diferentes, se llama La mujer bala y lo podéis leer pinchando en el enlace.

31 may 2011

Hidra



Una amanece con jaqueca. Otra quiere remolonear. Esta tiene cita con el peluquero. Aquella pretende salir a correr. La quinta decide ordenar los armarios. Por experiencia saben que decapitarse es inútil, así que se lían a la greña y terminan como siempre: las cinco cabezas enredadas en un nudo.



Esta fue mi propuesta en la segunda ronda de las Microjustas. Mi micro favorito de los cuatro presentados hasta ahora (ojalá pueda presentar un quinto) fue el primero, por eso lo tengo guardado para el final.

26 may 2011

Mitología secreta


El sueño de la esposa del pescador, de Katsushika Hokusai


La hermosa Aminta, lejos de resistirse, exige que se metamorfosee en pulpo. Él, por su parte, le hace prometer que esta aventura no trascenderá. Objeto de placer de una mozuela y con ocho tentáculos grotescos, Zeus teme convertirse en el hazmerreír del Olimpo.


Con este micro (al que le he hecho unos arreglitos), y tras una durísima pugna con mi rival, conseguí pasar a la tercera ronda de las Microjustas Literarias. El tema propuesto era, evidentemente, "pulpo".

21 may 2011

La dignidad de los desfavorecidos

Dibujo de Jualu

Desde que despidieron a Don Eladio del banco tras veinte años de servicio, acabaron aquellos tiempos en que, en el momento en que sacaban el contenedor con los desperdicios del supermercado, se desencadenaba una batalla campal. El Boqueras, el Meneítos y la Pelos dejaron de lanzarse como fieras sobre los embutidos y los yogures pasados de fecha y el Mazinger cesó de esforzarse en poner orden al tiempo que embaulaba en los enormes bolsillos de su chaqueta pitanza suficiente para mantener su enorme corpachón y reservar algo para la Marquesa, que se acercaba lenta y temblequeante, empujando el carrito de bebé donde guardaba sus costrosas pertenencias.

Aunque en alguna ocasión tuvo que echar mano de la fuerza persuasiva del Mazinger, Don Eladio consiguió establecer una disciplina cuartelaria entre los indigentes del barrio. En cuanto el contenedor pisaba la calle él se encargaba de extraer los alimentos, dividirlos en lotes equilibrados y repartirlos entre todos. En el caso de que alguien tuviese un especial rechazo o debilidad por alguna vianda, estableció tablas de equivalencia para que se intercambiaran de forma civilizada. La paz reinaba como nunca en el reino de los desfavorecidos.

Desgraciadamente, la crisis, lejos de detenerse, ha aumentado y con ella el número de vecinos desempleados que nos vemos obligados a recurrir a los desechos del supermercado; los víveres han empezado a ser insuficientes. Para evitar nuevas trifulcas, a Don Eladio se le ha ocurrido establecer una pequeña cuota, casi simbólica, que da derecho a participar del festín. Él la administra y se lleva una comisión, al fin y al cabo es justo que se le retribuyan sus desvelos por mantener el orden y el sentido de la dignidad de los necesitados. Mazinger, a quien ha convencido de la importancia de su misión, es ahora el encargado de sacar los productos del contenedor, organizar los lotes, cobrar y abortar cualquier indicio de algarada. Da gloria ver esas colas  de gente limpia y aseada que piden la vez con educación y respetan los turnos. Don Eladio pasa pocas veces por la puerta del súper, dicen que está intentado localizar nuevos contenedores en zonas aledañas para abastecernos con mayor abundancia. El Boqueras, el Meneítos y la Pelos, que no pueden afrontar el pequeño gasto que supone nuestra cuota, han tenido que trasladarse al extrarradio. La Marquesa sigue acudiendo a veces, con sus andares achacosos; cuando la ve venir, Mazinger interrumpe sus tareas, le  dirige una sonrisa bobalicona y le entrega el poco de jamón de york, la cuajada o el flan de huevo caducados que guarda siempre para ella.