20 mar 2017

Casquería

Fotografía de Catarina Nico

El carnicero le reserva buenas piezas que ella limpia con esmero de restos y telillas. Sobre la mesa el tarro de pimienta molida, pimentón de la Vera, las hojas de laurel, vino blanco de Rueda y una copita de jerez seco. El ajo, la cebolla en juliana y del paquete de harina de maíz, un par de cucharadas para espesar las salsas. Hace cocer los guisos a fuego lento, con suaves borboteos que esparcen por la cocina un olor denso y montaraz. Primero sirve hígado, de ternera, para que él calme el hambre y deguste con placer los demás platos. Después trae corazón, el suyo, entero y apenas aliñado. El hombre lo trocea meticuloso con el borde afilado del cuchillo, lo revuelve en la salsa, lo olisquea y le manda retirar el plato sin probarlo. Prefiere dejar sitio a los riñones, de cerdo, su plato favorito.

Este microrrelato, con la bella fotografía que lo ilustra, apareció en abril del año pasado en el blog de la revista literaria Zoque.

4 mar 2017

Amistad




Se lo repetí, a los tres, una y mil veces. Que le dieran una oportunidad, que el amor lo había cambiado, que comer, solo me comía a besos. A regañadientes, los dos mayores vinieron a la boda. El pequeño, que siempre fue el más listo, dijo que no pensaba ser testigo de aquel disparate. Por eso le agradecí que, cuando me refugié esta mañana en su casita de ladrillo, con la caperuza desgarrada y el ojo morado, se limitara a curarme y a secarme las lágrimas. Que ni siquiera en la mirada se le escapase un “te lo había advertido”.

Escrito para los Viernes creativos, de Ana Vidal.

29 ene 2017

Cambio climático


Los copos de nieve se acumulaban sobre el sofá, la escarcha cubría el dormitorio y por el pasillo, hacia la cocina, avanzaba un glaciar que congeló el horno. "No soporto este frío", dijiste antes de marcharte. Entonces comenzó el deshielo. Desde los altillos donde guardé tus fotos y tus regalos se despeñaron los torrentes que anegaron el salón y convirtieron la que fue nuestra cama en un bote a la deriva. Pero el sol ha seguido calentando. Sobre la alfombra del salón ha empezado a brotar el césped y, entre las sábanas, despuntan las primeras margaritas.

Este micro resultó ganador en el programa Wonderland de RNE la última semana de enero. Aquí se puede escuchar el audio con la lectura y los comentarios del jurado.

1 ago 2016

De arena




Ni tocar la guitarra, ni vivir de la investigación, ni evitar que Gloria me dejara. Solo Jorge, un fin de semana sí y otro no. Lo pasamos en la playa, construyendo castillos que arrasa la marea. Ya le he enseñado, casi sin esfuerzo, que lo importante es disfrutar intentándolo.

28 jul 2016

Ir y quedarse

Salvador Dalí, Dafne, la mujer árbol


A la señorita Mariluz le cansa el trasiego permanente: recoger mapas, libros, lápices y cuadernos para que no se desparramen durante el traslado; guardar la mesa, las sillas y el quitasol bajo el que ella y su domador desayunan al aire libre; ayudar a enganchar los remolques de las fieras. Hay noches en que sueña que sus pies se hincan en el suelo de la ciudad que están a punto de abandonar. De esas raíces brota una mujer que no es maestra de circo, sino modista, secretaria o repostera, y vive en una casa con jardín y postigos azules; pero, al crecer en sueños, las ramas de su vida se adelgazan y terminan por convertirse en látigos que el viento zarandea.

24 jul 2016

Doma y fiera


Leonard Foujita, Domadora de leones


La señorita Mariluz es tímida y poquita cosa. Cuando algún miembro del circo se acerca al furgón escuela, la oye reprender a los alumnos con su voz de cristal a punto de romperse mientras los hijos del payaso la remedan, el del ilusionista hace desaparecer las llaves de su bolso y los mellizos de la acróbata dan triples saltos mortales entre los pupitres. Pero hay algo peor. Desde que el augusto la abandonó y ella se refugió en brazos del domador, cada noche resuenan tremendos latigazos en la caravana que comparten. Nadie se ha atrevido a mirar por el ojo de la cerradura. Quien lo hiciera, vería cómo la señorita Mariluz, ataviada con una escotada malla de la trapecista y unos tacones de aguja rojos, hace danzar a su partenaire a golpes de fusta antes de arrojarse a devorarlo como una leona.