26 may 2010

Declaración

Little girl, de Mathilde

A mí me gusta ser Wendy, Cenicienta o Blancanieves; mi mamá unas veces es el hada madrina y otras la madrastra, yo las quiero a las dos igual. Cuando viene ese señor a jugar con ella a Caperucita y el lobo, me mandan a mi cuarto. Ser la Bella Durmiente es un rollo, por eso tuve que hacer de cazador. La escopeta era del abuelo. Ya se lo he contado mil veces, ¿cuándo me van a dejar irme con mi mami?


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21 may 2010

Un marido ideal

No sé cómo puede confundirme con ese tipo que trabaja de ocho a tres, hace la compra y la lleva del brazo a pasear. Una vez que esa copia desangelada se me escapó, ella se ofreció a cosérmela para que no la perdiera de nuevo. Con sus mañas se las ha ingeniado para deshacer las puntadas y apropiársela, pero el auténtico Peter soy yo y, aunque sin sombra, sigo viviendo en Nunca-Jamás.


Ilustración de Rafa Simón

15 may 2010

Acechanza

Modern Red Riding Hood, de Victoria Maderna

La de los días de lluvia es impermeable y transparente, cuando hace frío se pone una con ribetes de piel, mi preferida es la roja con capucha. No sé si me gusta más por sus piernas infinitas, por su mirada provocativa o porque es la única chica capaz de lucir esa prenda. Todas las tardes se dirige al bosque con la excusa de visitar a su abuela, pero yo sé que se cita con un tal Lobo que tiene moto y dinero para pagarle las copas. Desde el puente de la autopista la veo alejarse, abrazada a la cintura del tipo, mientras la capa les revolotea alrededor.

9 may 2010

Au pair


El hombre me saluda con una inquietante sonrisa. La mujer, a su lado, exhibe una pálida belleza y una melena color ala de cuervo. Con mi inglés balbuceante les agradezco que hayan venido a recibirme al aeropuerto en plena madrugada. Los tres niños saltan en torno a mí, alborozados, y en su espontánea alegría olvidan esconder los colmillitos puntiagudos. En el carruaje que nos conduce al que será mi hogar durante nueve meses empiezo a pensar que tal vez encuentre problemas más graves que el de la calidad de la comida –que tanto preocupaba a mamá– mientras el pequeñín, encaramado en mis rodillas, se empeña en seguir olisqueándome el cuello.

5 may 2010

Fetichismos

El bargueño de roble tallado que heredó de su abuela contrasta con la funcionalidad impersonal del resto del mobiliario, pero se había negado en redondo a abandonar su casa si no lo llevaba consigo y no hubo más remedio que hacerle un hueco en la habitación. En cuanto tiene un momento de intimidad introduce la llave en la cerradura, abate la tapa y desparrama sobre ella el contenido de los cajones: el primer zapatito de Enrique, el mayor; los recordatorios y las fotos de primera comunión; la última carta a los Reyes que escribió Jaime y el clavo que ayudó a soldar la rotura de su codo –siempre fue el más inquieto–; las dos trenzas –pajiza la de Piluca y negra, rizada, la de Merceditas–; los cuatro paquetitos de papel de seda que encierran cuatro colecciones de dientes de leche… Y antes de volver a colocar, cuidadosa, cada cosa en su sitio, se sorprende al encontrar en el cajón inferior de la izquierda, atadas con una cinta roja, las felicitaciones de Navidad que le envían –el teléfono nunca le gustó y menos ahora que está dura de oído– esos señores tan amables que vienen a verla de vez en cuando y que, coincidencias de la vida, dicen que se llaman igual que sus niños.

Imagen: Hombre con cajones (1934), de Salvador Dalí

30 abr 2010

Letraheridos

Libro de una tarde de otoño, de Ricardo Espiau

Según creemos saber, la literatura es reflejo de la realidad. ¿No será que la realidad es un reflejo de la literatura? De no haber leído esta historia tantas veces hubiese pasado de largo, sin reconocerte. Escucho tus palabras, ecos de las que tantas veces encontré en los libros; contemplo tus gestos, tu cuerpo desnudo, con los ojos de quien ya te hubiera visto. Te acaricio y las manos me tiemblan como las de los jóvenes poetas.

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26 abr 2010

451º F



Dedicado a Esperanza García Guerrero, poeta e infatigable 
presidenta de la Asociación Personas Libro de Sevilla.

El dragón fue destinado a la brigada quemalibros. Cuando comprendió que así firmaba su sentencia de muerte, en vez de fuego escupió agua.