16 abr 2010

Aficiones fugaces


Él no comprendía cómo, antes de conocerla, no había apreciado las variadas costumbres de aquellas criaturas aladas, de vivos colores y formas caprichosas. Ella no se cansaba de escuchar sus relatos de señores feudales, pestes, cruzadas y guerras de nombres sonoros –de las Dos Rosas, de los Cien Años- encontrándolos llenos de una belleza cruel. Al par que sus vidas, en su biblioteca se confundieron en alegre desorden los tratados de Ornitología y los tomos de Historia Medieval.

Dos años después, al repartir los libros, ninguno de los dos dudó a quién pertenecía cada uno. Él odiaba los pajarracos. A ella la aburrían las batallitas.

12 abr 2010

Felicidad


No podía decir que no fuera feliz. Era la suya una felicidad cómoda y calentita, como los jerseys a rayas de colores brillantes que le tejía su abuela cuando era niño, la hebra enredada en sus dedos nudosos. Aquellos que, de tanto lavarse, terminaban quedándole demasiado anchos y demasiado cortos, con bolsas en los codos, agrisados y llenos de bolas.

5 abr 2010

Barreras infranqueables


Cuando se disponía a retozar, como cada noche, entre las lechosas piernas de Lady Virginia, un cortante bofetón restalló en la mejilla del fiel James. Comprendió que su señora acababa de morir al tiempo que ella descubría la causa de los placenteros sueños que habían sazonado los últimos años de su vida. Por desgracia, volvían a estar de nuevo del mismo lado.

28 mar 2010

No quedaban libros...

Jack

No quedaban libros, ni tabaco, ni una miserable pinta de cerveza. Cogí el cuchillo y salí a merodear. No tuve más remedio que convertirme en protagonista.

Sin barreras

No quedaban libros que los encerraran. Long John Silver, Sauron, el lobo y sus compinches quedaron en libertad y sembraron de terror el sueño de los niños.

23 mar 2010

Racha de suerte


Capitel de la colegiata de Alquézar (Huesca)

La serpiente me quedó demasiado gorda, en el centro, sacando la lengua partida. Adán y Eva me habían salido mejor, desnudos, tapándose sus partes con las manos. Ya nadie encarga las pinturas de los milagros para dejarlas en las iglesias, prefieren fotografías, y los zapatistas han ahuyentado a los turistas, así que los doscientos pesos que me dio la señora me cayeron como del cielo. Era un capricho que tenía desde chiquita, me contó, de cuando estudiaba el catecismo. Aquella noche les dimos a los niños tamales de pollo y durmieron con la panza llena.

Cuando, a los pocos días, le picó a la doña la víbora barba amarilla mientras sembraba fríjoles en la milpa y el veneno la mató, maldije mi mala suerte; la chingaste, viejo, pensé, no vuelves a vender ni uno. No podía imaginar que empezaría a tener más encargos que nunca. Siempre Adán y Eva saliendo del Paraíso. No olvides la serpiente, me decían. De repente todos tenían suegras, cuñados, hermanos o vecinos a quien regalar cuadritos.

22 mar 2010

Lady López




Lady López

No era un tipo brillante, pero la ambición de su esposa y su capacidad para maniobrar en las enmarañadas telarañas del partido lograron impulsarlo hasta convertirlo en un auténtico pez gordo. Cuando la señora López consiguió un cuerpo de sirena a golpe de bisturí y el registro a su nombre de un sólido emporio inmobiliario para que la declaración de patrimonio del político no despertase sospechas, ella misma lo donó al Acuario Nacional.

Esta minificción resultó ganadora del concurso del mes de noviembre de Las historias, bitácora del escritor mexicano Alberto Chimal. En dicho concurso se proponía imaginar una historia a la que la fotografía que encabeza esta entrada sirviese de ilustración.

15 mar 2010

Pirandelliana




 Pirandelliana
¿Protagonista dice? ¿Hasta ciento cincuenta caracteres? Lo siento, búsquese a otro.
 
Este hiperbreve recibió una mención en el Premio de Relatos Hiperbreves convocado por rdeditores. Más tarde fue recogido en una curiosa antología de los meta-hiper-breves presentados a concurso.