2 oct. 2017

Huella divina

Dánae y la lluvia de oro, de Léon-François Comerre


Convencidos de que el primer amor marca para siempre a la mujer, los habitantes de Céfiros rivalizan en ofrecer a Dánae joyas y objetos labrados en el oro más fino. Muchos, desde el tirano Policdetes hasta algún humilde pastor, se vanaglorian de haberla seducido. Mas lo cierto es que ella solo goza del sexo cuando, desnuda sobre el suelo de la azotea, introduce su mano entre las piernas y separa con delicadeza los labios para que la lluvia la penetre hasta lo más profundo.

Por temor a herir el orgullo de Zeus y desencadenar su venganza, la hermosa Dánae guarda su afición en el mayor secreto. Nadie debe saber que no es el aguacero violento, sembrador de truenos, el que la hace estremecerse hasta desfallecer, sino ese calabobos manso y menudo que los astures llaman orvallo.

Texto elegido como ganador por Fredy Yezzed en el concurso del pasado agosto en la Marina de Ficticia.

5 comentarios:

  1. ¡Es bueno ser un dios!
    ¡Es bueno saber dónde están las mejores azoteas!
    ¡Es bueno saber qué huertas dan las frutas más jugosas!

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  2. Muchas felicidades. Es muy hermoso.
    Besicos muchos.

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