16 may. 2016

Leyenda del Salón Dorado



Vivió en Zaragoza un rey moro que ansiaba levantar en su palacio una sala que en nada envidiase a las del Paraíso, mas ninguno de los proyectos presentados por sus alarifes satisfizo al exigente monarca. Finalmente, se presentó en la corte un extranjero asegurando que, si le permitía contemplar la danza de las mujeres del harem, edificaría para él la más hermosa estancia que jamás nadie hubiera contemplado. 

Dudó el rey, pues era celoso y posesivo, pero al fin aceptó la propuesta. Al atardecer, en un solar anexo al patio del palacio, Aixa, la favorita, y el resto de sus compañeras bailaban ante el monarca y el forastero. Esperó este a que las jóvenes se emparejaran y, cuando alzaron sus brazos, curvándolos airosamente, pronunció un conjuro en su lengua desconocida. Al instante, los cuerpos esbeltos quedaron convertidos en columnas, los brazos se entrelazaron formando arcos caprichosos y surgió sobre ellos una hermosa techumbre decorada con versos del Corán. 

El rey lloró y suplicó, pues no quería conseguir sus deseos a tal precio, y el extranjero, antes de desvanecerse como humo, accedió a comunicarle que, entre las que formaban los versos, había diez palabras escondidas. Si las encontraba y las ordenaba debidamente, se desharía el hechizo. Cuentan que el rey perdió la razón trenzando infinitas combinaciones, y que las bellas muchachas del harem esperan aún que un mortal acierte con la fórmula que les permita continuar su danza.

Por diversos motivos no pude asistir a la VI Microquedada, que se celebró en Zaragoza el pasado fin de semana, pero participé en la distancia enviando esta "postal para el trovador" que ahora anda en manos de Luisa Hurtado.

6 comentarios:

  1. La leí, en su postal, esta misma mañana.
    Jo, qué suerte tuve, Elisa, qué suerte.
    Pero ¿cuándo te veremos?
    Un beso gordísimo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que tuviste suerte, a mí también me hubiera gustado llevarme el premio (y aunque no estuve allí, tuve mis opciones, claro). En cuanto a lo de veros, ya sabes, Sevilla está bastante lejos y mi tiempo es cada vez mas corto, no sé bien por qué. Un abrazo, Luisa.

      Eliminar
  2. Pedazo de relato con mito incluido. Bien contado y bien imaginado. Me encanta.

    ResponderEliminar
  3. ¡El gran Torpeyvago por aquí! Un honor, a mí me encanta que te guste.

    ResponderEliminar
  4. Me sonrojo y acongojo. Me llaman grande sin merecerlo y me dedican honores sin ganarlos.
    Las que se merecen todos los elogios son tus letras.

    ResponderEliminar

¡Gracias por comentar!