10 may. 2015

Filogenia

Mujer sardina 2
Procedencia de la imagen

La cabeza aborrecía su única extremidad escamosa y soñaba con lucir medias de seda y zapatos de tacón. La cola, por su parte, deseaba librarse de aquella mente inquieta que regía su destino y le impedía gozar del sosiego que disfrutaban las demás criaturas marinas. Fue ardid de los dioses conceder simultáneamente ambos deseos. Surgió así esa raza de hembras de piernas torneadas, ojos redondos y labios gruesos que, apostadas en la barra de un bar, esperan que algún hombre les arroje sus redes.

2 comentarios:

  1. Ellos y ellas siempre pican. Sobre todo si ellas no pueden hablar, las sardinas no pueden, y lo único que pueden hacer es boquear.
    Eso es lo mejor si encima hay, un poco más abajo, buenas piernas.

    Muy bueno. Hay como una crítica social en todas direcciones que me encanta y me parece muy de verdad

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    Respuestas
    1. Luisa, que pases por el blog, leas y comentes es un lujo. Un beso.

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