5 abr. 2014

Del otro lado

Dulcinea, de Eleazar



Era una buena moza, Aldonza Lorenzo, recia y reidora, que no desdeñaba los requiebros de los aldeanos del lugar. Un día, habiéndose detenido a escuchar las lecturas de unos señores que en una venta paraban, se le secó el cerebro y dio en creer que, como gentil dama, debía recibir de sus galanes los servicios que el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, protagonista de la novela que causaba el regocijo de aquellos lectores, dedicaba a su Dulcinea del Toboso. Y fue así como se consumió su juventud en anhelos y su vejez en soledad.

7 comentarios:

  1. Elisa, una buena revisión del clásico, muy al estilo de Denevi, pero con tu sello particular.

    Abrazos.

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    1. Gracias, Nicolás, por comentar. Este texto lo escribí hace tiempo, cuando había leído>este micro de Arreola, pero no este de Denevi . Cuando leí el segundo, mandé el mío al fondo del disco duro, claro. Lo rescaté hace poco para la Marina de Ficticia y me he decidido a publicarlo, pero no le llega al del maestro a la suela del zapato.

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  2. Estupendo. La estructura me gusta mucho, esa frase larga tan bien construida. Tengo que probar esto...
    Besosss

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    1. Gracias, Ana, me gustan los comentarios técnicos ;-). La frase larga intenta imitar la lengua de la época.

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  3. Ya hacía falta escuchar la versión de Aldonza Lorenzo. Abrazos.

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  4. Jeje, Elisa, buen punto de vista que nos has contado, pobre Aldonza, esperó el príncipe azul.

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  5. Bonito y valiente ante el rechazo y la espera del amado que nunca será. Me gusta.
    Abrazos

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