26 sept. 2013

Terrores (2)

David Alfaro Siqueiros, Entrada a la mina



De chiquitillo tenía miedo a lo oscuro, pero la Justa no le consentía que encendiera la lámpara. Tuvo redaños, la Justa, para criarlo sola, nunca nos dijo quién era el padre. El Quico se hizo buen mozo, y tan listo que los maestros lo animaban a marcharse a estudiar a la capital, pero la madre no quiso separarse de él y tuvo que bajar a la mina, como todos. Mirad donde he acabado, nos contaba entre risas, con lo cagueta que era de chaval. Después, ya sabe, lo pilló el derrumbamiento bajando al pozo y ni siquiera nos devolvieron el cadáver. La ventana de la Justa se ve desde mi casa, ¿sabe usted? Desde aquel día no apaga en toda la noche la luz de la mesilla.

22 sept. 2013

La microficción

Se me había pasado este vídeo, al que acabo de llegar a través de Letra chica, blog de Eduardo Mancilla. Muy buen trabajo de los amigos de Cuentos y más.

15 sept. 2013

Malformaciones

Joan Miró, Diálogo de insectos

Los observé mientras eclosionaban. Algunos resultaron alicortos, otros gastaban un abdomen abultado o una cabeza desproporcionada. Ninguno se sostenía en el aire más de unos segundos antes de despanzurrarse contra la madera, salpicándola de un fluido viscoso.

El último sí se elevó, tan ligero que no hubo forma de alcanzarlo, le faltaba un final contundente que contrapesase su levedad.

Tras dar por perdida la puesta de microrrelatos, aún tuve que dedicarme a adecentar el escritorio, una pura inmundicia de adjetivos sobados, adverbios en mente, cacofonías, gerundios y puntos suspensivos.

Microrrelato que participó, con poco éxito, en La Marina de Ficticia del mes de julio y en ENTC en el mes de agosto.

12 sept. 2013

Literatura en corto II



Pablo Garcinuño ha vuelto a llevar a las ondas un micro mío. En esta ocasión ha sido Agua de borrajas, en un programa dedicado a la Edad Media. Se leyeron también textos de Miguel Ángel Pegarz y Patricia Nasello.

6 sept. 2013

Terrores

Escultura de Jodi Harvey-Brown

Lo arrincona de un empujón contra la pared, desparrama su corpachón enorme entre las sábanas estampadas de aviones y comienza a roncar. Los estruendosos resoplidos, el olor rancio de la piel, su aliento pestilente a ron desvelan al niño, que respira apenas con tal de no despertar al intruso. Solo retoma el sueño al amanecer, cuando el hombre se despereza y marcha, repiqueteando en el parquet con la pierna de madera, a gozar de su inesperada libertad.

Cuando mañana mamá contemple preocupada las ojeras y el cansancio de Jorge él no se atreverá a decirle que se durmió otra vez con el libro abierto sobre el pecho. Y, menos aún, que ha dejado escapar al terrible pirata John Silver "el Largo".