29 jun. 2012

La invitación del mar

Amaya Espinoza, "Y allí le encontró con tan poderosa fuerza"



A Joaquín Velasco, solanero.

—Mire vuesa merced que otros caminos hay para el retorno. Pues bien pudierais embarcar en una de estas ágiles galeras y marchar a liberar con la fuerza de vuestro brazo a los tristes cautivos que se consumen en los baños de Argel. Piense que no hubo caballero andante que diera mayor prueba de fidelidad a su dama que la que vos daríais al resistir el encuentro con las sirenas sin necesidad de cera que os taponara los oídos ni de cuerdas que os ataran a mástil alguno, sino tan solo por el amor que la sin par Dulcinea os inspira. Más tarde, tras atravesar las columnas de Hércules, os enfrentaríais a los terribles Sargazos que secuestran los veleros y batiríais vuestro brazo con aquellos gigantes patagones, los cuales, derrotados, embarcarían con vos para rendir pleitesía a vuestra señora. Fácil sería, entre tantas como pueblan el Pacífico, que conquistaseis para el fiel Sancho la ínsula prometida. Y ya por fin, emulando al capitán Elcano, bordearíais el cabo que llaman de Buena Esperanza para arribar a la gentil Lisboa y, a través de la Extremadura, llegar a vuestro lugar, donde, cubierto de gloria, cumpliríais la promesa de retiraros por un año que os arrancó el de la Blanca Luna. 

El de la Triste Figura acerca por última vez a su oído la caracola y la arroja lejos de sí. En el silencio de la noche manchega la brisa estremece apenas el mar de los trigales.

24 jun. 2012

Virtuosismo

Gloria Torner, Caracola

En las noches de mar en calma el sonido de la caracola desgarra el silencio. Su timbre melodioso alcanza tesituras de soprano. Los marinos, confundiéndola con el canto traicionero de las sirenas, modifican la derrota de sus naves para evitar la isla. Lejos de desesperarse, el náufrago dedica las horas infinitas al perfeccionamiento de su sofisticada técnica instrumental.

21 jun. 2012

Bienaventuranza

Salvador Dalí, Estudio para La pesca del atún


La estrella los guió desde Jerusalén hasta este Finisterre. Por no perder su rastro talaron los carvallos, improvisaron naves y se enfrentaron a la galerna. 

Cuando amainó, vimos el mar teñirse de rojo e hicimos resonar las caracolas. Los hombres de la aldea acudieron en silencio y, entre todos, echamos los palangres a la luz de la luna. Así fue como, durante cinco días, nos mataron el hambre aquellas benditas tintoreras, cebadas con carne de cruzado.

12 jun. 2012

Blanca (o negra)


Laurette tuvo que pasar mucho tiempo tras la cortina de seda roja espiando a Luz Celinda, antes de atreverse a pinchar en un tablón tres alfileres de Kobayende que había escamoteado a la bruja y a moldear con cuidado en torno a ellos una delgada figura de cera. Coronó el muñeco con un mechón de cabellos crespos arrancados a Enmanuel en una pelea y lo consagró con fuego, agua, aire y tierra. Después, muy despacio, un algo cada día, fue retirando las agujas hasta que, ante el asombro de la madre y la incredulidad del médico blanco, las piernas muertas del hermanillo comenzaron a sostenerlo y desapareció la nube que le empañaba el ojo izquierdo.

Ahora que Enmanuel camina orgulloso hacia la escuela y aprende a defenderse por sí mismo, Laurette sabe que debe restituir a hurtadillas cera y alfileres –¿qué castigo no tramará Luz Celinda si la descubre como autora del robo?– ; pero cada vez que se cruza con el grandullón que los hostigaba mientras ella tenía que llevarlo a cuestas, el que arrojó entre burlas aquella piedra que dejó tuerto al pequeño, decide guardarlas por un tiempito más.

7 jun. 2012

Hambre de gloria

Fotografía de Lucas Ninno en Flickr


Todas las tardes, al salir del colegio, jugábamos al fútbol en el solar. Solo que yo, chiquitajo y recién llegado al barrio, me las pasaba chupando banquillo. Hasta el día en que, arrimándome al grandullón que hacía de entrenador, levanté la tapa de la fiambrera. “Núñez, de delantero”, gritó el Joaqui mientras se apoderaba del almuerzo al que yo había renunciado a mediodía. A partir de entonces, conseguí jugar unos minutos de cada partido, los mismos que el Joaqui empleaba en devorar con apresurados mordiscos aquellas tortillas jugosas y tentadoras, la especialidad de mi madre.

Podcast sobre microrrelatos

1 jun. 2012

Miércoles de ceniza

Fausto Olivares, Carnaval veneciano


Arrodillada en el reclinatorio, la condesa se pierde en devociones. Junto a ella el conde, recién despojado de tabardo, máscara y tricornio, contempla, entre vapores de incienso, los doloridos estremecimientos del joven oficiante. Pese a la gloria del todopoderoso rival, no duda que las próximas carnestolendas sus dedos triunfantes volverán a arrancarle el disfraz de mujerzuela y se demorarán recorriendo nuevas marcas rosadas, las huellas que la contrición y el cilicio dejan, año tras año, en la cintura del amante vencido. 

El mes de marzo en la Marina fue de carnavales y tuvimos una jurado de lujo, Luisa Valenzuela.  Los tres textos galardonados, así como las numerosas menciones se pueden leer en el Arca Ficticia.