30 nov. 2011

Octavi Rius Martorell (1830-1868)

Fotografía de Ángeles Sánchez

Fotógrafo leridano establecido en Madrid que consiguió, gracias a una cámara de su invención, retratar los ángeles custodios de sus modelos. Tras advertir que el ángel de la guarda de María Vicenta Martínez Soldevilla, la beatita de Atocha, lucía pezuñas de cabra, cuernos y rabo, inició las investigaciones que le llevaron a demostrar que la belleza de los ángeles era inversamente proporcional a la bondad de sus custodiados, como si estos ejercieran sobre los primeros una suerte de vampirismo. Durante la revolución del 68 en el saqueo de su estudio —en cuyo escaparate se exponía una fotografía de Isabel II acompañada de un serafín de de dulcísima expresión y singular belleza— fueron destruidas la cámara Rius y la mayor parte de las placas angélicas. A partir de ese momento se pierde el rastro del artista, de quien no se volvió a tener noticia cierta.

24 nov. 2011

Cita galante


Mirando de reojo la puerta del apartamento, no puede evitar confesarle que sueña con atravesar aquel umbral a diario, depositar su portafolios en el vestíbulo y ser recibido con un beso, entre olor a puchero y risas infantiles. Ella se aterroriza, salta del sofá donde yacía entregada, agita la cruz de marfil que esconde en el cajón del mueble bar y lo obliga a salir por la ventana, como siempre. Si hay algo que no soporta es un hombre rutinario y hogareño, piensa mientras unta de mercromina las dos marcas rojas que luce su pálido cuello.

21 nov. 2011

Infidelidad




Finalizado el diluvio, la pareja avanza arrojando tras sí los huesos de la tierra. Aunque cubren sus cabezas con el manto y tienen prohibido volver la mirada, por el resonar de los pasos y el timbre de las voces, Deucalión ha aprendido que de las piedras que él lanza surgen hombres, de las que arroja la esposa, mujeres. Por eso, al fin de la jornada, entrega a Pirra la lasca de obsidiana, brillante y suave, que hace rato acaricia con la mano izquierda. Pirra sonríe y le corresponde con un cristal de roca, de nítida transparencia, que escondió entre los pliegues de su túnica. Las dos últimas piedras golpean al unísono la tierra. Un joven rubio y una venus de ébano se alejan tomados de la mano. 

Deucalión y Pirra, temerosos del castigo de los dioses, no se atreven a girar la cabeza.

13 nov. 2011

4334

Sorteo de lotería celebrado en Valencia  (c. 1937)

¿Por qué me mira así? Supe que me traería suerte desde que Julia y yo nos conocimos, el cuatro de marzo del 34. En cuanto empecé a trabajar, me aboné a él. Incluso durante la guerra conseguí algún décimo, de los que se emitieron en Valencia y Barcelona. ¡Íbamos a comprarnos una casita con el premio de la lotería! Nunca nos tocó. Después de la derrota salí por la frontera de Portbou y, de campo en campo, tardé diez años en volver. Julia todavía me esperaba. Y aquí sigue mi número, tatuado con tinta azul en la muñeca. ¿Le parece poca fortuna haber sobrevivido al infierno de Mauthausen?

Este micro, que por la primera frase algunos reconocerán como un ReCiclado, obtuvo el segundo puesto en la Marina de Ficticia del pasado mes de septiembre. La jurado fue Ana María Shua y el tema, una mini que no se entendiera sin el título.  Sergio Patiño Migoya con El hombre que tropezaba siempre en la misma piedra se llevó el primer premio.

Aprovecho para agradecer a José Luis sus valiosas sugerencias para la mejora y el pulido del texto.

7 nov. 2011

La primera vez

Mónica Ozámiz Fortis, Desnudo


Elige la cara de menor pendiente, sin aristas ni demasiada vegetación, e inicia el ascenso. Avanza despacio, asegurando firmemente el pie derecho antes de adelantar el izquierdo. La tensión en los tríceps, los gemelos, los cuádriceps y el sudor que resbala por su espalda no empañan el goce de ejercitar la potencia y la flexibilidad de su cuerpo joven. Las manos, separadas del cuerpo, empujan la carga e impiden que esta retroceda y lo aplaste. Exhausto y triunfante, conquista la cima.

Y aún no ha recuperado el aliento cuando le sorprende la aparición del energúmeno que, de una patada, lanza la roca ladera abajo y ordena con voz tonante: Súbela otra vez, Sísifo.

Este micro recibió una mención en el concurso de septiembre de la Marina de Ficticia. Y lo mejor de todo, la jurado fue nada menos que Ana María Shua.

2 nov. 2011

Re bemol



Dirige una mirada de refilón al danés rubio, de músculos cincelados, que el capricho del director va a convertir en nuevo concertino. Sonríe malévola. Hoy, el día de su último concierto como primer violín, ante la sorpresa de los músicos y los desesperados intentos de la batuta por reconducirla, la orquesta tropieza constantemente en la misma nota y chirrían los desafines.

Por fin, justo antes de acometer su solo final, separa levemente el escote del inicio de los senos para dejarla escapar y observa cómo ahueca las alas diminutas, se alinea con el resto de sus hermanas sobre las cuerdas del Stradivarius y comienza a danzar. El rondó —allegro ma non troppo— suena con pureza de cristal afilado mientras un discreto pero envolvente perfume a jazmín se expande por la sala.

Este micro, muy libremente inspirado en el Concierto para violín y orquesta, en re menor, opus 61, de Ludwig van Beethoven, aparece en el número 25 de la revista digital Pseudònims. En esta ocasión, el tema de la revista es "Ruido".