27 jul. 2011

Último intento

Foto de anlopelope en Flickr

Apuesta al 15 todo lo que le queda. Vuelve a ganar la banca. El rastrillo retira, brillantes y redondos, sus dos ojos azules.


Este hiperbreve fue ganador de la primera semana del Concurso de Microrrelatos en Twitter de ABC.

25 jul. 2011

Venganza




— Comadre, ¿es verdad que fue su marido el que compuso esa canción que canta el Benny Moré? ¡Mire qué alabancioso! Un hombre casado y con seis criaturas, presumiendo de que las jevas lo llaman el Conde Negro y se vuelven todas locas por él. Debería usted botarlo.

—¿Botar a ese condenado? Ay, no, si ahora lo tengo pa mi solita. La mamá Juana, con un conjuro, me lo volvió grillo. Tan negrito como antes y cantando sin parar, aunque desafinao. Y bien rabioso. Que por mucho que se desgañite llamando hembras, ya yo me encargo de que no se le cuele ninguna en la jaula.

Jeva: Mujer, novia.

22 jul. 2011

Ingenio versus imaginación

«El imaginador es el que ocupa espacios que nadie ha tocado»

Esa tensión hacia lo inexplorado, esa pasión por destruir el estereotipo, lo repetido, por romper los tópicos y las superficies, ese rechazo frontal de lo simple y lo elemental, de lo conocido y por conocido superfluo literariamente, esa aspiración imperiosa por acceder a mundos desconocidos del sueño y el deseo, esa ambición sin medida por ampliar el mundo real, rehacernos lo perceptible, sumergirnos en lo sorprendente y maravilloso, que es en definitiva la identidad mayor de toda la obra literaria de Pérez Estrada, se basa de manera fundamental en su carácter imaginativo […].
Imaginación, que es cosa diferente de ingenio. Lo imaginativo no es lo ingenioso. Y lo imaginativo quizá sea, con la metáfora, los dos «recursos» literarios sobre los que nuestro escritor estuvo reflexionando con más ahínco y mayor frecuencia a lo largo de su vida.
Para Pérez Estrada la imaginación fue siempre el mayor ejercicio de literatura creadora que era posible ejercitar, la mayor expansión liberadora de la inteligencia y la sensibilidad, mientras que el ingenio está prisionero del efectismo, del momento, de la sorpresa, de «lo devaluado, de lo extravagante, lo absurdo y lo escandaloso».
Desde mi punto de vista, flaco favor le hacen a la entidad y valía singularísima de sus textos aquellos estudiosos y críticos que las basan fundamentalmente en lo ingenioso, lo divertido, lo sorprendente y chistoso de su escritura, cuando la grandeza de Pérez Estrada, como creador, radica esencialmente en su sentido imaginativo, en la generosidad de su visión del mundo, en su sorprendente capacidad para estructurar literariamente un tratamiento natural y ordinario de lo extraordinario o ilógico, en su visión impetuosamente dionisiaca por encima de lo lúdico, del divertimiento.

Palabras de Rafael Ballesteros en la introducción a La luz de las palabras, antología de textos de Rafael Pérez Estrada, publicada por el Centro Andaluz de las Letras. (Málaga, 2001).

20 jul. 2011

Al final del túnel


Me costó, porque ella siempre prefería ir por la carretera, pero una mañana en la que llegábamos tarde a la escuela conseguí convencerla para atajar por el túnel del ferrocarril abandonado. Desde entonces lo atravesábamos a diario, a la ida y a la vuelta. En cuanto dejaba de llegarnos la claridad de la entrada y todavía no veíamos la luz del final, la Chari me agarraba una mano mientras yo, con la otra, tanteaba la pared. Avanzábamos despacio, para evitar las piedras y los charcos que formaban las goteras, y a mí me gustaba sentir su respiración agitada y cómo me apretaba la mano con fuerza cuando se oía el plof de una gota al caer, el rumor sigiloso de una rata o el aleteo de un murciélago.Sin embargo, por algún motivo, no podía dejar de picarla: que si tú sola no eres capaz, que si los murciélagos se te van a agarrar en el pelo, que si las niñas sois todas unas miedosas… hasta que ella se hartó y me dijo que estaba dispuesta a taparme la boca de una vez por todas.

Esperamos al sábado, para no tener prisa. Aunque todavía era marzo, el sol picaba mucho y la Chari se presentó con su camiseta roja de tirantas, pantalones cortos y un pañuelo en la cabeza —por si los murciélagos, pensé, aunque no me atreví a decírselo. Según nuestros cálculos, se tardaban once minutos en recorrer el túnel, once minutos que ella debía esperar después de que yo me hubiese introducido en él, para estar seguros de que no íbamos a coincidir en el interior. Después de registrarla, no fuese a llevar escondida una linterna, atravesé el túnel, más deprisa que de costumbre, porque echaba de menos su mano en la mía. Cuando salí, me paré al sol, para sacarme el frío de los huesos, y esperé. Doce minutos después asomó ella.Se notaba que había corrido y había tropezado, porque traía sangre en la rodilla derecha, pero se esforzaba en aparentar un paso tranquilo. Aún estaba deslumbrada por el latigazo de luz cuando vi tiritar sus hombros descubiertos y abrí los brazos para que se calentara. Ella se apretó contra mí, los latidos del corazón le hacían temblar todo el cuerpo, igual que temblaba en mi mano el topillo que habíamos cazado días antes en la ribera, y sus pezones pequeños, duros y apretados, se me clavaron en el pecho.

Todavía seguimos yendo a la escuela por el túnel, pero la Chari se ha acostumbrado y ya no le tiene miedo a lo oscuro. Y yo no sé que inventar para que vuelva a arrimarse a mí, como aquel día.

16 jul. 2011

Apunte del Novecientos



La Chelito se contonea bajo los focos del Kursaal, buscando entre sus ropas el bichito que la trae a mal traer.

(Hay una pulga maligna
que a mí me está molestando)

En la penumbra de un velador, el joven periodista Rafaelito Florido calcula cuántas gacetillas le costará llenar de flores el camerino de la cupletista.

(porque me pica y se esconde,
y no la puedo echar mano)

Y cuántas la botella de champán francés que le dará el valor que le falta para ofrecerse gentilmente. Por librar a la muchacha de esas comezones

(Rápida salta, pica y se esconde,
ya me ha picado yo no sé dónde)

pondría a su servicio las dos manos delicadas, casi de señorita. O la lengua, si menester fuera.

Otro texto producto de la convocatoria de Ficticia "Las pulgas y el mundo de las Matemáticas". Disculpen el atrevimiento, pero con semejante tema, las neuronas se ponían a bullir a su antojo.

8 jul. 2011

Maestrita

Fotografía de Eduardo Margareto


Pasa de puntillas evitando los cuerpos rendidos que abarrotan dormitorios, salón y pasillos. De la mano de su madre, recorre la lechosa madrugada de asfalto. Los pies se acomodan con dificultad a los zapatos de cordones, como el cuerpo delgado a las cinco horas de pupitre o los oídos a la música de una lengua ajena. Pero de seis a ocho, mientras Khadija se enfrenta a la imposible limpieza del local, ella es feliz entre el revoltijo de cachivaches, tan semejante al de los bazares de su tierra. Y en el rincón del fondo, alineadas frente a una pizarra de juguete, las desvencijadas muñecas de Antigüedades Aurora aprenden a leer árabe con el Corán para niños que Amina esconde en su mochila.


Maestrita es el último de los 12 finalistas del Concurso de Microrrelatos Dónde lees tú, convocado por la Fudación Germán Sánchez Ruipérez, de entre los que se elegirán al primer y segundo premio. Junto con todos los finalistas semanales formará parte de un libro digital de la colección La voz de los e-lectores.


6 jul. 2011

Refutación de la regresión infinita

Procedencia de la imagen

A Víctor Meléndez le gusta utilizar el sencillo ejemplo del matemático escocés Augustus de Morgan: Las pulgas grandes son picadas por las pequeñas, que a su vez lo son por otras más pequeñas, y así sucesivamente. Pero las pulgas grandes pican a unas más grandes, que tienen, por su parte, otras mayores para chuparles sangre, y así hasta el infinito.

En este punto detiene la explicación y se ensimisma: si de su nómina, disminuida en un 5% en el último año, se descuenta un 20% de impuestos; más un 30% para la manutención de su exmujer y sus dos hijos en paro; si con el resto debe afrontar el pago de la hipoteca de la casa, las facturas de luz, agua y teléfono; si la subida estimada del coste de la vida según el IPC es del 3%...

Los alaridos de los alumnos, enfrascados en una feroz batalla de bolas de papel, lo obligan a continuar: Se deduce que yo, el humilde profesor que tenéis delante, soy la Pulga Mayor, de la que todos chupan, y la viva demostración de que el concepto de infinito ha colapsado.



Escrito para la divertida propuesta que hizo Rony Vásquez Guevara el pasado mes de junio en el taller de minificciones de Ficticia: Las pulgas y el universo de las Matemáticas. Con mis agradecimientos a Gabriela por el tallereo.