28 nov. 2010

Rueda en 140

Engranaje

Era un engranaje mal avenido, las ruedas acabaron a mordiscos.



Reloj

Mis dientes desgastados tienen el poder de dilatar el tiempo, pensaba orgullosa la rueda que el relojero estaba a punto de sustituir.




Rueda de molino


¡Milagro!, gritó unánime la comunidad cuando sor Mª Inés del Sagrario se elevó 15 cm. del suelo tras haber comulgado con ruedas de molino.




Aunque sólo el  tercero fue elegido por Montero Glz como finalista en el Cuenta 140 de la semana pasada, esta vez publico los tres que presenté porque me gustan. Y porque me dan la oportunidad de ilustrarlas con unas fotillos que esta vez, para variar, son mías.

26 nov. 2010

Microrrelatos contra la violencia de género.

Vídeo de Pavel I. Pedraza


El entusiasmo de Ana Vidal ha puesto la pasión por los microrrelatos de un grupo de blogueros al servicio de la lucha contra la violencia de género. Yo he tenido la suerte de que uno de mis textos haya formado parte de la pequeña antología que en las voces de Salva, de Ana, de Su y de Pablo se leyó en Santa Cruz de la Palma ayer martes, 25 de noviembre, en un acto organizado por la Asociación Cultural Mareando y la asociación Violeta por la igualdad. A continuación dejo el audio que recoge sus intervenciones y todos los micros, en el orden en que fueron leídos. Para mí es un honor haber participado, aunque en pequeña medida, en esta iniciativa junto a tantas personas a las que aprecio y admiro.








Centro de atención a la mujer
Autora: Elisa de Armas, del blog Pativanesca

Me acerco y anoto sus nombres: Leda, Penélope, Dafne, Dánae, Medea, Europa… Escuchamos sus relatos y, pese a nuestra dilatada experiencia, casi nos hacen llorar: violaciones, acosos, raptos, abandonos, explotación. Por primera vez se sienten protagonistas. Les buscamos plaza en distintas casas de acogida, les asignamos abogada, procuramos atención psicológica a las más afectadas, convocamos una manifestación de apoyo y nos comprometemos a reescribir sus historias en el tiempo más breve posible.


Monstruo
Autor: David Figueroa, del blog Relatos en Línea

Estaba tan preocupada por los monstruos que imaginaba bajo su cama, que no se dio cuenta cuándo el príncipe con el que dormía se convirtió en uno.

Incomprensión
Autora: Susana Pérez Santos, del blog Aprendiz de Palabras

Necesito saber si está enfermo o es un cabrón. No comprendo sus palabras que como cuchillos se me clavan, sus gestos despectivos que me azotan, su alejamiento que me produce frío… Necesito saberlo para amarlo desde la comprensión, porque ahora mismo su amor me produce dolor.


Estocolmo.
Autor: Torcuato González Toval, del blog Todo nuevo bajo la luna

A mí me empiezan a entrar dudas. Desde esta cama veo las flores del jardín, me evocan el día que le comuniqué que me iba y, entonces, me trajo un precioso ramo de rosas. Soy un pajarillo indefenso y tú eres mi cielo, sin ti no soy nada, me dijo con las lágrimas a punto de asomar. Con eso dejaba de cuestionarme otras posibilidades. ¡Es tan dulce y detallista! Vendrá dentro de poco y esta enfermera le pone ojitos. Espero que termine pronto de cambiarme las vendas de las costillas y me traiga un espejo.


Tras los cristales negros
Autor: Pablo Garcinuño, del blog En Mal Estado

Las gafas de sol que me trajo el tío Carmelo se convirtieron de inmediato en mi más mejor tesoro. ¡Era un regalo de mayores! Y Carlos se moriría de envidia cuando me viera entrar en clase con ellas. No me las quité en toda la mañana pero cuando fuimos a comer papá me dijo que era de mala educación andar con eso puesto en la mesa. Protesté un poco y le dije que mamá a veces llevaba gafas de sol en casa, incluso en el momento de cenar. Los dos se quedaron en silencio, él y ella, y yo decidí portarme bien. No conviene enfadar a mi padre.


Familia tradicional
Autor: Jesus Esnaola, del blog El Doctor Frankenstein, supongo

Miren se despierta en mitad de la noche. Siente vacía la otra mitad de la cama. Se incorpora y se sienta en el lateral, las manos frotándose la cara. Alza la cabeza, escuchando, y le llegan el rumor de la teletienda y los ronquidos de Peio que se ha vuelto a quedar dormido en la sala, con el televisor encendido. Rebusca a oscuras en la mesilla hasta encontrar un pitillo suelto y un mechero. Se pone en pie, despacio, y camina con cuidado, evitando los listones de madera que crujen. Entra en el baño, cierra la puerta tras de sí y abre la ventanita que da al patio. Le tiemblan las manos cuando intenta encender el cigarrillo. Da una profunda calada y exhala el humo hacia el patio, espantando moscas después para que el humo no se cuele dentro a delatarla. Entonces oye un gemido, casi inaudible para unos oídos que no sean los de una madre. Otro. Tira el pitillo por la ventana y va a abrir la puerta del baño cuando Jon empieza a llorar. No cariño no llores, por favor, y los gritos son de Jon pero Miren pone las lágrimas, agarrada al pomo de la puerta del baño, sin saber si salir a callar al pequeño o hacer caso a sus piernas y quedarse sentada en el suelo, no llores cariño, vas a despertar a papá.


El monje
Autor: Kum*, del blog Haikum*

Bebían los vientos por el profesor de yoga. Adoraban su saber enciclopédico, la serena cadencia de su voz, la paz y la luz que transmitían sus palabras, sus movimientos… su mirada. Lo apodaban el monje o el buda y en secreto fantaseaban con la dicha de ser sus novias. Suspiraban…
Esta noche Clara intenta reconocerse en la imagen deformada que le devuelve el espejo. La boca rota, la nariz embarrada aún en su propia sangre, los ojos hinchados, violáceos… Un sobresalto, un escalofrío,… una voz calma, sosegada, que llega flotando desde el salón:
-Mi amor, viene la cena… o me levanto otra vez?


Breve studio de las especies
Autor: Gotzon, del blog Relatos Encallados

-Ese tic tac que escuchamos hace rato se va acelerando al ritmo que crece la atracción de la hembra por el macho. En esta curiosa especie, la hembra elige normalmente al macho con el que aparearse, no siguiendo un mismo patrón de conducta, se aparea esporádicamente con machos jóvenes y fuertes, pero la cría y convivencia la efectúa junto a otro espécimen más obeso y rutinario. En ocasiones podemos comprobar con horror como éste último termina cruelmente con la vida de la hembra, aún no comprendemos el porqué de esta sinrazón.
Y ahora analizaremos con profundidad otra especie de similares costumbres habitante del planeta tierra, el Humano…

Discusiones fatales
Autor: Miguel Ángel Molina, del blog En 99 palabras

El llanto invade la casa y no cesa hasta que la puerta de la habitación se abre y Luisito escucha la susurrante voz maternal.
- Nene no llores, ya estoy aquí.
- Mamá tenía miedo, oía voces.
- No te preocupes cariño ya pasó, mamá está ahora contigo. Duérmete amor.
- ¿Cuándo va a venir papá a darme el beso de buenas noches?
- Tranquilo cariño, papá vendrá enseguida.
A los pocos minutos Luisito se duerme sin haber recibido el anhelado beso. No sabe que ninguna otra noche volverá a tener ese beso ni el consuelo de su madre.


Meteorología de andar por casa
Autor: Niñocactus, del blog Borrón y cuento nuevo

Le gustaban las tormentas, el olor a tierra mojada que presagiaba su proximidad. Un alboroto de pájaros, vuelos y trinos que la anunciaban…
… Y en sus ojos no la vio venir.
Le gustaban las tormentas. El aire comenzando a soplar más y más fuerte. El viento formando remolinos de hojas, papeles…
… Y en su silencio no la oyó acercarse.
Le gustaban las tormentas porque a él le daban miedo; Y odiaba el miedo que él le hacía sentir…
… Y en sus manos no encontró caricias.
Le gustaban las tormentas el agua cayendo, arrastrando, limpiando. Un río sin orilla, sin océano…
… Siempre era lo mismo.
Le gustaban las tormentas porque tarde o temprano acababan.


Trampas
Autora: Belén Lorenzo, del blog Relatos para leer de pie

Empezó criticándole su forma de vestir, pero ella no le dio importancia. Pensó que sólo eran celos, como cuando la dejaba en ridículo delante de sus amigos para sentirse el centro de atención. “Hombres”, pensaba ella, “son todos iguales”. Tardó en darse cuenta de su error, porque era difícil descubrir el engaño. Él nunca le levantó la mano, ni le gritó. Su cuerpo intacto escondía una autoestima apaleada que moría día a día sin que nadie se diera cuenta.


El refugio de María
Autora: Maite García de Vicuña, del blog Historias mayúsculas en porciones minúsculas

Los insultos, los golpes y los gritos volvían a empapelar la casa. María, tapándose los oídos, fue corriendo a encerrarse en su cuarto. Buscó sus lápices de colores y en un papel en blanco pintó un enorme arco iris. Esbozó una sonrisa. Dibujó una casa roja con hermosas ventanas azules, y una puerta abierta por la que entrar a refugiarse. En el jardín, plantó un cartel prohibiendo la entrada de adultos. Despacio, introdujo primero un pie, después el otro y, finalmente, el resto de su pequeño cuerpo. Cerró la puerta. Allá dentro, los sonidos se quedaron mudos, y se sumergió en el más feliz de los sigilos. Al rato, entró su padre en el dormitorio a buscarla, arrugando el dibujo con furia y tirándolo al suelo. En ese instante los llantos perdieron su afonía y volvieron a retumbar las paredes. Se abrió la puerta del armario y una voz ronca le dijo: -María, mamá se ha caído, nos vamos al hospital.


Reconciliación
Autora: Mª José Barrios, del blog Cuentos Mínimos

Deja pasar un par de días, no la llames, no le cojas el teléfono. Luego ve a hablar con ella, pero muéstrate frío, distante e incluso cruel en un momento dado. Como si nada de aquello fuera contigo. Utiliza palabras duras, no hagas la más mínima concesión. Dile que no sabes de qué te habla, que son todo imaginaciones suyas. Deja que te grite, que te golpee, que te arañe, que te muerda, que te amenace. Échale la culpa de todo, deja que se derrumbe. Humíllala, apriétale un poco más (sólo lo justo), y entonces empieza a mostrarte algo más comprensivo. Dile algo cariñoso, juguetea con su flequillo. Abrázala, deja que se sienta bien por unos minutos. Convéncela de que te necesita. Miéntele, dile que la quieres. Y sólo al final, si lo consideras necesario, le dices que la perdonas.


Marina vuela
Autora: Ana Vidal del blog Relatos de andar por casa, a partir de una ilustración de Clara Varela incluido próximamente en el blog Escríbeme una ilustración

Marina cierra los ojos, el color azul la impregna totalmente y cuando ella también se siente azul, su globo comienza a elevarse.
Poco a poco va abriendo los ojos y empieza a ver pájaros, dando vida y sonido al paisaje. Los mira y se concentra en ellos, contempla su vuelo travieso con un destino prefijado y les imagina historias de amores y hogares por el mundo.
Cuando mira abajo ve los campos que se extienden bajo el aire, ordenados y cuadriculados como baldosas de vida.
Siente como una nube absorbe su globo hasta no ver nada más que la nube, sintiendo su frío y humedad, y por capricho vuelve a soltarlo, inundándose de nuevo de ese color azul con el que se siente tan segura.
El mismo azul de las baldosas del baño, donde María se esconde cuando papá entra en casa dando un portazo.


Monstruos
Autor: Avelino Vallina, de Ebude

La despertó su aliento de alcohol y tabaco y su cuerpo comenzó a temblar. Ahogó como pudo los sollozos porque no quería que sus hijos la oyeran. Intentaba desvestirse antes de que él le hiciera más daño arrancándole la ropa, mientras él forcejeaba y la insultaba y se enfadaba cada vez más.
La poseyó con violencia, pero ella todavía no sentía el dolor físico, eso llegaría después, ahora se desesperaba con sus gemidos y sus insultos temiendo que los niños pudieran oírle.
El suplicio duró unos minutos eternos, los que tardaron en llegar los golpes y una nueva avalancha de insultos, hasta que, agotado, se quedó por fin dormido.
Se levantó en silencio, se echó por encima lo primero que encontró, se limpió la cara de babas y sangre y se acercó a la habitación de sus hijos con el corazón encogido.
Comprobó aliviada que dormían y regresó a la cama.
Se despertó llena de angustia, estiró con miedo la mano hacia el otro lado de la cama: él todavía no había llegado.

20 nov. 2010

Asuntos de familia

Sin título (1965)
Eduardo Úrculo



Llevabas una semana muerta y ya eras otra, tan distinta que, si te fuese dado regresar, no te habríamos reconocido. En nuestras conversaciones la tacañería se transformaba en austeridad, el despotismo en guía atenta y vigilante, las humillaciones en suaves correctivos y la crueldad en desvelos. Hasta parecía que habías sido capaz de sonreír y de besar, que nunca te había apestado el aliento a ginebra. A los quince días empezaron a murmurar a mis espaldas y al cumplirse un mes, escandalizados, me denunciaron. A ver cómo le explico al juez que sí, que el gatillo lo apreté yo, pero sólo porque me tocó la carta más alta.

11 nov. 2010

Paraíso


Desde el aire, el hombre civilizado se siente dueño de la inmensa extensión amarillenta, salpicada de acacias, donde pastan jirafas, antílopes y ñus. La trocea caprichosamente y la almacena en diminutas tarjetas de memoria. Al atardecer, en el porche que rodea la piscina, irá construyendo para sí el relato de safaris y aventuras con que asombrará a sus amigos al regreso.

En el suelo, la pequeña gente del desierto. Un hombre san envenena la flecha que abatirá una de las dos piezas que se le permite cobrar al año. Los niños beben agua que el rocío deposita en las hojas. Las mujeres hurgan con sus palos en busca de raíces. De noche dormirán sobre la arena usando sus hombros de almohada y soñarán con la tierra de sus ancestros. La tierra de la que fueron expulsados, la que esconde el pozo al que se les prohíbe acceder, el mismo pozo que abastece la piscina del Kalahari Plains Kamp donde reposa el hombre civilizado.

Este microrrelato resultó ganador en el concurso del mes de octubre convocado por Minificciones.com.ar.


9 nov. 2010

Cuenta 140

Fotografía de Susy The Butcher, en Deviantart



Los cazamos con redes. Las plumas las compran las chicas del cabaret; el resto, para los perros. La carne de ángel no tiene sabor ninguno.


Este fue uno de los textos que a Montero se le olvidó incluir entre los finalistas de la semana pasada. En desagravio, a los olvidados nos regalan su último libro, aunque yo lo habría cambiado gustosa por haber aparecido en el listado junto a Lola y Daniel, así soy de vanidosa. Menos mal que en Cuentos y más me han dado la alegría de colocar hoy, en portada, una de mis Caperucitas.

2 nov. 2010

Nueve Caperucitas para Cuentos y más

Cuentos y más, con motivo de su incorporación a Twitter, convoca el concurso de microtextos  Caperucita Roja en 140 caracteres. Como estoy desde el viernes con gripe, entre guisoteos, fregados y coladas, ya llevo nueve. A ver si consigo la docenita...


Del deseo

Ay, lobo, ya no me devoras como antes.
Son demasiados años repitiendo el mismo cuento, Caperucita.



Caperucita tuvo su primer orgasmo cuando, tras 20 años de matrimonio, le pidió a su cazador que se disfrazara con la piel del lobo.

De la traición

Harta de su doble vida, Caperucita le dio un ultimátum: No aguanto más esta situación, lobo, o con los tres cerditos o conmigo.



Furiosa, Caperucita puso al lobo de patitas en la realidad. Eran ya demasiados años pegándosela con los siete cabritos.

Del pasado

Triunfa la rebelión proletaria contra los Príncipes Azules encabezada por Caperucita Roja. Cenicienta condenada por alta traición.

Del presente

¿Abuelita, dónde vas?
A cuidar de mi nieta Caperucita, que está malita y no puede ir al cole, y a llevarle a su mamá la comida para toda la semana.


Hoy día el lobo viaja en avión y paga en dólares con los que exóticas Caperucitas alimentan a las abuelas y al resto de sus numerosas familias.

Caperucitas engañadas por lobos explotadores y astutos hay muchas. Para la mayoría, los cazadores justicieros son sólo un sueño.

Del futuro

Antes de contarles el cuento de Caperucita tenemos que darles una lección de Paleobiología. Para que comprendan los términos bosque y lobo.

Algunos tienen más de 140 caracteres porque, como para publicarlos aquí no es necesario cumplir el requisito, los he modificado un poco.