30 abr. 2010

Letraheridos

Libro de una tarde de otoño, de Ricardo Espiau

Según creemos saber, la literatura es reflejo de la realidad. ¿No será que la realidad es un reflejo de la literatura? De no haber leído esta historia tantas veces hubiese pasado de largo, sin reconocerte. Escucho tus palabras, ecos de las que tantas veces encontré en los libros; contemplo tus gestos, tu cuerpo desnudo, con los ojos de quien ya te hubiera visto. Te acaricio y las manos me tiemblan como las de los jóvenes poetas.

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26 abr. 2010

451º F



Dedicado a Esperanza García Guerrero, poeta e infatigable 
presidenta de la Asociación Personas Libro de Sevilla.

El dragón fue destinado a la brigada quemalibros. Cuando comprendió que así firmaba su sentencia de muerte, en vez de fuego escupió agua.

16 abr. 2010

Aficiones fugaces


Él no comprendía cómo, antes de conocerla, no había apreciado las variadas costumbres de aquellas criaturas aladas, de vivos colores y formas caprichosas. Ella no se cansaba de escuchar sus relatos de señores feudales, pestes, cruzadas y guerras de nombres sonoros –de las Dos Rosas, de los Cien Años- encontrándolos llenos de una belleza cruel. Al par que sus vidas, en su biblioteca se confundieron en alegre desorden los tratados de Ornitología y los tomos de Historia Medieval.

Dos años después, al repartir los libros, ninguno de los dos dudó a quién pertenecía cada uno. Él odiaba los pajarracos. A ella la aburrían las batallitas.

12 abr. 2010

Felicidad


No podía decir que no fuera feliz. Era la suya una felicidad cómoda y calentita, como los jerseys a rayas de colores brillantes que le tejía su abuela cuando era niño, la hebra enredada en sus dedos nudosos. Aquellos que, de tanto lavarse, terminaban quedándole demasiado anchos y demasiado cortos, con bolsas en los codos, agrisados y llenos de bolas.

5 abr. 2010

Barreras infranqueables


Cuando se disponía a retozar, como cada noche, entre las lechosas piernas de Lady Virginia, un cortante bofetón restalló en la mejilla del fiel James. Comprendió que su señora acababa de morir al tiempo que ella descubría la causa de los placenteros sueños que habían sazonado los últimos años de su vida. Por desgracia, volvían a estar de nuevo del mismo lado.